Durante décadas, la conversación sobre la diversidad en los premios cinematográficos se ha centrado casi exclusivamente en los rostros frente a la cámara. Sin embargo, en el actual ciclo de los Oscar, el cambio más vital y representativo se está gestando detrás de la lente. La carrera por el premio a Mejor Director promete ser una de las alineaciones más inclusivas, estilísticamente eclécticas y generacionalmente diversas a nivel mundial en la historia moderna de la Academia.

Aunque la industria ya tuvo un momento de inclusión en la década de 2010 con el trío de autores latinos Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Guillermo del Toro, la lista de contendientes de este año sugiere un panorama más democrático y menos concentrado en una única narrativa cultural.
Desafíos a la Historia y Grandes Favoritos
La figura que se cierne sobre la categoría es el ocho veces nominado Paul Thomas Anderson, quien presenta su épica de la Guerra Civil Una batalla tras otra. Anderson es visto como el gran favorito, y un estratega de estudio admite que «se necesitará algo significativo para derribar la narrativa que se está construyendo en torno a la PTA».
Sin embargo, el campo está lleno de hitos potenciales:
Chloé Zhao, la primera mujer de color en ganar el premio al Mejor Director por Nomadland, regresa con su adaptación literaria Hamnet.
Ryan Coogler expande su visión con Sinners, una cinta con inflexiones de terror. Su nominación podría asegurarle a la Academia el primer ganador negro en la categoría.
Varias directoras están bien posicionadas: Kathryn Bigelow, la primera mujer en ganar el premio (por En tierra hostil), resurge con el thriller de guerra nuclear A House of Dynamite. La tunecina Kaouther Ben Hania podría convertirse en la primera mujer árabe nominada a la dirección con su desgarradora The Voice of Hind Rajab. La noruega Mona Fastvold también entra en la conversación con el musical The Testament of Ann Lee.
Una Proliferación de Estilos y Géneros
La variedad de géneros es otro sello distintivo: desde el espectáculo de gran éxito Avatar: Fire and Ash de James Cameron y el musical Wicked: For Good de Jon M. Chu, hasta trabajos formalmente audaces como Bugonia de Yorgos Lanthimos y Frankenstein de Guillermo del Toro. Autores internacionales como el disidente iraní Jafar Panahi (It Was Just an Accident), el brasileño Kleber Mendonça Filho (The Secret Agent) y el surcoreano Park Chan-wook (No Other Choice) también aspiran a colarse en la lista.
Este momento no se trata de otorgar un «espacio designado» a una mujer o un cineasta de color, sino de una genuina proliferación de perspectivas que subraya la naturaleza global del cine y desafía los límites arbitrarios que han definido una «película de los Oscar» durante demasiado tiempo.

