fbpx

Cómo el cine y las series han convertido al “extraterrestre” en un espejo de la crisis social

La ficción extraterrestre atraviesa un profundo proceso de transformación. A diferencia de los relatos que marcaron el siglo XX —desde los encuentros imposibles de Expediente X hasta los clásicos ovnis vistos desde carreteras desiertas—, los alienígenas actuales apenas hablan del espacio exterior. Ahora funcionan como espejos emocionales. Son narrativas que interrogan la incertidumbre de nuestra época más que la posibilidad de vida fuera de la Tierra.

Esa mutación queda clara en Bugonia, la nueva película de Yorgos Lanthimos. En ella, dos hombres, convencidos por teorías conspirativas de internet, secuestran a una ejecutiva creyendo que es un ser de Andrómeda infiltrado para destruir a la humanidad. Pese a su envoltorio de ciencia ficción, la cinta es una sátira del clima de polarización, la permeabilidad a las fake news y la fragilidad de los discursos políticos contemporáneos. El “alien” funciona como excusa narrativa para hablar del verdadero monstruo: la desconfianza hacia el sistema y la radicalización emocional.

Algo similar ocurre en Pluribus, la nueva serie de Vince Gilligan. Aquí, un misterioso fenómeno extraterrestre —convertido en un virus que promueve la felicidad colectiva— transforma a toda la población menos a una mujer. Pero, en realidad, la historia nació como una pregunta íntima: ¿qué sucede cuando el mundo trata a una sola persona de manera excepcional? La invasión alienígena es, en este caso, una metáfora del aislamiento emocional y la dificultad de encajar en una sociedad hiperconectada y, paradójicamente, más solitaria que nunca.

Del “quiero creer” al “no sé qué creer”

La fascinación por los ovnis fue siempre más simbólica que literal, como recordaba Carl Jung en su análisis pionero de 1958. Para el psiquiatra suizo, las visiones de platillos volantes eran proyecciones del inconsciente colectivo, manifestaciones del miedo a lo desconocido y reflejos de las sombras internas de cada individuo. Su teoría parece hoy más vigente que nunca.

Fotograma de Bugonia. / RR SS
Fotograma de Bugonia. / RR SS

La diferencia es que los miedos han cambiado. Los ovnis que dominaron el imaginario durante la Guerra Fría canalizaban el temor a la amenaza nuclear y el vértigo tecnológico. Ahora, la ansiedad procede de otros lugares: la sobreinformación, la soledad digital, la erosión de la confianza en las instituciones, el colapso climático o el influjo de gigantes tecnológicos. No es casual que los personajes centrales de las nuevas historias parezcan perdidos, paranoicos o emocionalmente agotados.

La conspiración como refugio en tiempos de incertidumbre

La actual explosión de relatos alienígenas entronca además con el auge del conspiracionismo. Ensayos recientes, como los de Dan Schreiber o Pepe Tesoro, interpretan este fenómeno como respuesta a una época marcada por el vértigo tecnológico, la polarización política y la sensación de que el individuo se ha quedado solo ante un mundo incomprensible.

Pluribus. / RRSS
Pluribus. / RR SS.

Según Tesoro, los extraterrestres del siglo XXI ya no enfrentan a la humanidad unida a un enemigo común, como en los grandes clásicos. Ahora el protagonista está aislado, confundido y desprovisto de certezas. El alienígena representa el desorden interior, no la amenaza exterior. No hay un Mulder heroico ni un proyecto colectivo que salvar: solo individuos buscando sentido en un entorno que se desmorona.

Los alienígenas ya no vienen del espacio

Las historias actuales no quieren explicar cómo viven los seres de otros mundos, sino cómo nos sentimos nosotros en este. El extraterrestre se convierte en metáfora de la desconexión social, la ansiedad contemporánea y la erosión de la verdad. Ya no miramos al cielo esperando señales: las señales vienen del propio malestar humano.

Las nuevas fábulas cósmicas no describen una invasión, sino un diagnóstico: vivimos más solos, más desconfiados y más expuestos a la sugestión que nunca. Y los alienígenas, reinventados, nos lo están recordando. @mundiario