fbpx

HBO, en la cuerda floja tras la megafusión Netflix-Warner que sacude la industria global

La mayor operación corporativa en la historia reciente de la industria audiovisual promete transformar mucho más que un catálogo: pone en cuestión marcas centenarias, redefine la competencia en el entretenimiento digital y anticipa un escenario con menos actores, menos ventanas y menos diversidad. Netflix, que durante años fue el disruptor externo del sistema, pasa a convertirse —si la compra supera los escollos regulatorios en EE UU y Europa— en la compañía que decidirá la supervivencia de algunas de las enseñas más emblemáticas de Hollywood. La principal incógnita se llama HBO.

HBO, la joya frágil de la operación

La plataforma que levantó Los Soprano, The Wire o Juego de tronos se ha convertido en el núcleo emocional del debate. Durante tres décadas, HBO consolidó un prestigio que la situó como referencia global de la ficción de autor. Pero bajo el paraguas de Netflix, su papel corre el riesgo de diluirse en un ecosistema gobernado por el algoritmo y la producción masiva.

Las preguntas son inevitables:

-¿Tiene sentido mantener HBO Max si la compañía matriz dispone de su propia plataforma global?

-¿Qué ocurrirá con la identidad creativa de una marca que base su reputación en lo opuesto al modelo Netflix?

Aunque los ejecutivos de la tecnológica insisten en que la enseña HBO es “estratégica”, la lógica empresarial apunta a una absorción progresiva: menos plataformas, un único escaparate y HBO funcionando como un sello de prestigio dentro de una oferta mucho más amplia. No sería un precedente aislado: Disney ya integró Hulu en su servicio principal y Amazon diluyó MGM en Prime Video.

La paradoja es evidente: Netflix, que en su día fue comparada con “la nueva HBO”, podría terminar subsumiéndola.

Más que un catálogo: Netflix compra poder, franquicias y tiempo de pantalla

Las cifras de mercado explican la jugada. Según datos recientes de Nielsen, Netflix controla alrededor del 8% del visionado total de streaming en EE UU, mientras que HBO Max y Discovery+ apenas suman un 1,3%. La motivación no es eliminar un rival, sino acumular horas de contenido valioso que fidelicen al usuario.

El razonamiento de los analistas es claro: el fondo de catálogo atrae tantos o más espectadores que los estrenos. Y Warner posee uno de los inventarios más potentes del planeta.

La operación coloca en manos de Netflix:

-Todo el universo DC, con múltiples series y películas en producción.

-Harry Potter, cuya nueva serie llegará en 2027.

-El mundo de Juego de tronos, con dos proyectos activos.

-Marcas icónicas de comedia, como The Big Bang Theory, con nuevas entregas previstas.

-Clásicos de estudio que van desde Ciudadano Kane a Casablanca, pasando por el cine de Clint Eastwood.

-Series de terceros que Warner vende a otras plataformas, como Ted Lasso o Abbott Elementary.

Esto reconfigura los equilibrios creativos: Netflix pasa de tener dificultades para construir grandes sagas propias a recibir, de golpe, un arsenal de franquicias históricas.

Un futuro incierto para CNN, Eurosport y el cable tradicional

Mientras plantea un futuro híbrido para HBO, Warner planea desprenderse de sus activos más problemáticos: los canales lineales. CNN, Eurosport, TNT, HGTV o Discovery+ se agruparán en una compañía paralela que buscará comprador antes de la fusión definitiva.

El motivo es puramente estructural: el cable tradicional en EE UU pierde audiencia y rentabilidad de manera sostenida. CNN, antaño motor económico y marca de referencia informativa, se ha convertido en un activo difícil de gestionar y aún más complicado de modernizar.

La venta de estos canales permitirá a la futura Netflix-Warner concentrarse en el negocio digital, aunque implicará despidos y una reducción drástica de operaciones en mercados europeos donde Warner mantiene numerosas cadenas.

La magnitud de la compra augura meses —o incluso años— de escrutinio por parte de las autoridades regulatorias. En EE UU, la Comisión Federal de Comercio tendrá que determinar si la operación limita la competencia en un mercado ya fuertemente concentrado. En Europa, donde Warner mantiene una presencia relevante, se prevé también un examen exhaustivo.

El historial de la compañía no simplifica el proceso: en apenas una década, Warner ha pasado por tres fusiones gigantescas (AT&T en 2016, Discovery en 2022 y ahora Netflix). Los reguladores podrían considerar que el sector entra en una senda de concentración incompatible con la diversidad cultural.

¿Un final o un comienzo? La industria se encoge, el público espera

El movimiento confirma lo que Hollywood lleva repitiendo en voz baja: el streaming vive una fase de contracción forzada. Menos plataformas, menos riesgo, más integración vertical. Para los creadores, esto supone menos compradores y mayor dependencia de un número reducido de gigantes. Para los trabajadores, más precariedad y posibles despidos. Para el público, un catálogo enorme centralizado, pero con menor pluralidad de modelos y estilos.

El destino de HBO simboliza, quizá mejor que nada, la encrucijada actual: preservar la identidad o diluirla en la maquinaria global del entretenimiento. Puede que la marca sobreviva. Puede que se convierta en un sello más dentro de la vasta biblioteca de Netflix. O, como temen muchos creadores, puede que el propio concepto de “televisión de prestigio” se vea arrastrado por la ola de consolidación.

Lo único seguro es que la compra de Warner por Netflix no es un simple ajuste empresarial: es la señal definitiva de que el viejo Hollywood ha dejado de existir. Y el nuevo, más pequeño y más homogéneo, está naciendo ahora. @mundiario