El año 2000 nos regaló una de las adaptaciones cinematográficas más icónicas y singulares de un clásico literario: El Grinch (título original: How the Grinch Stole Christmas). Dirigida por Ron Howard y protagonizada por un irreconocible Jim Carrey, la película capturó la esencia cínica del cuento de Dr. Seuss y la magnificó hasta convertirla en un fenómeno cultural que, 25 años después, sigue siendo un elemento básico de la Navidad.

La trama se centra en la criatura verde y peluda, El Grinch, que vive aislada en la cima del Monte Crumpit. Molesto por la alegría y el consumismo desmedido de los habitantes de Villaquién (Whoville), el Grinch planea robar todos sus regalos y decoraciones para anular la celebración. Su misión se ve ligeramente desviada por la dulce Cindy Lou Who (interpretada por Taylor Momsen), quien intenta llegar al fondo de la misantropía del Grinch.
El éxito de la película no fue solo comercial; también fue un logro técnico. El filme ganó el Premio Óscar al Mejor Maquillaje gracias al trabajo del legendario Rick Baker. La transformación de Carrey era tan compleja que requería largas horas de aplicación de prótesis y pelaje, un proceso que el actor admitió que fue una prueba de resistencia tanto física como mental.
De la Sátira al Récord de Taquilla
El guion equilibró el humor físico y la sátira oscura característicos de Jim Carrey con el mensaje central de Dr. Seuss sobre el verdadero significado de la Navidad, que no reside en los regalos, sino en el espíritu comunitario.
El Grinch se convirtió en un gigante de la taquilla, superando los 345 millones de dólares a nivel mundial y estableciendo un récord como la película de temática navideña más taquillera en ese momento. La interpretación histriónica y memorable de Carrey consolidó al Grinch como el antihéroe navideño por excelencia, asegurando el estatus de la película como un clásico atemporal de las fiestas.

