Desde sus inicios, Eloy de la Iglesia fue considerado un director valiente y provocador, con fama de enfant terrible del cine español. Su estilo irreverente, su actitud combativa frente a la censura y su empeño en explorar los límites de la libertad de expresión marcaron sus primeras obras. En plena Transición, se convirtió en cronista cinematográfico de los excesos, contradicciones y miserias de una época convulsa, dejando un testimonio audiovisual que retrataba sin filtros la realidad más cruda de la sociedad española.
Durante esos años, su cine abordó de manera directa asuntos considerados tabú, como la drogadicción, la marginación social, la violencia juvenil y la homosexualidad. Fue, además, uno de los primeros directores en vivir abiertamente su orientación sexual con total libertad. Su filmografía, caracterizada por un tono descarnado y visceral, incluye títulos como La semana del asesino de 1972 o La criatura de 1977, obras que también son analizadas en el documental.
Sin embargo, mientras su obra ganaba notoriedad, su vida personal comenzó a desmoronarse. La drogadicción se convirtió en un abismo que fue arrastrando su carrera y su reputación. Durante más de una década, sus películas cayeron en el olvido o fueron duramente cuestionadas, y el director quedó sumido en un prolongado periodo de ostracismo. A pesar de ello, nunca abandonó por completo su vínculo con el cine, que siguió siendo su principal refugio.
Con un esfuerzo sostenido, logró superar los peores momentos de su adicción, reconstruir su vida y regresar a la creación audiovisual. Esa etapa final de su trayectoria incluyó la realización de la serie Calígula en 2001 y su última película, Los novios búlgaros, estrenada en 2003, que acabaría convirtiéndose en su testamento fílmico antes de su fallecimiento a causa de un error médico poco después.
Un retrato construido desde múltiples miradas
El documental está dirigido por Gaizka Urresti, ganador del Goya por Labordeta un hombre sin más. El guion corre a cargo de Moisés Garrido, Juan Barrero y el propio Urresti. La película propone un acercamiento directo a la figura de Eloy de la Iglesia a partir de los testimonios de amigos, colaboradores y actores que formaron parte de su carrera, entre ellos José Sacristán, Ángel Pardo, Fernando Guillén Cuervo, José Luis Garci y María Luisa San José.
A través de estas voces, el documental reconstruye el retrato de un creador que desafió prejuicios, retrató la marginalidad como pocos cineastas de su tiempo y terminó siendo devorado por sus propias adicciones y fantasmas personales. El recorrido combina entrevistas actuales, fragmentos de sus películas y declaraciones del propio Eloy, ofreciendo una visión amplia de su vida y su obra.
El documental traza así un recorrido completo por la vida y la filmografía de uno de los directores más provocadores de la Transición, recuperando su figura más allá del estigma asociado a sus adicciones y situando su obra dentro del contexto social, político y cultural en el que fue creada. @mundiario




