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Los Oscar rompen con la televisión clásica y se mudan a YouTube: la gala será global a partir de 2029

Hollywood se prepara para uno de los mayores giros de su historia reciente. Tras celebrar su centenario en 2028, la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas ha decidido que los Oscar cambien definitivamente de hogar: la ceremonia se emitirá por primera vez en una plataforma digital y lo hará de la mano de YouTube, el mayor escaparate audiovisual del planeta.

El acuerdo, anunciado oficialmente por la Academia, garantiza la retransmisión de la gala entre 2029 y 2033 y supone el fin de una relación de más de medio siglo con la televisión tradicional estadounidense. Desde 1976, los derechos habían estado en manos de Disney y la cadena ABC, con una breve etapa previa en NBC. El movimiento era previsible, pero no por ello menos trascendental: marca el abandono del modelo clásico de emisión para abrazar un sistema global, bajo una sola marca y sin fronteras geográficas.

La decisión llega en un momento crítico para la televisión lineal. En apenas cuatro años, su peso en el consumo audiovisual en Estados Unidos ha caído de forma drástica, mientras las plataformas digitales concentran cada vez más audiencia. YouTube, en particular, se ha convertido en un actor hegemónico, con una cuota de espectadores que supera ampliamente a la de otros servicios de ‘streaming’ y una capacidad financiera suficiente para imponerse en la puja por uno de los eventos más codiciados del calendario cultural.

Para la Academia, el atractivo no era solo económico. La emisión mundial bajo un mismo paraguas soluciona uno de los grandes retos históricos de los Oscar: la fragmentación territorial. Hasta ahora, los derechos se vendían país por país, con distintas cadenas y plataformas según el mercado. A partir de 2029, todo el contenido relacionado con los premios estará centralizado en YouTube, lo que simplifica la comercialización publicitaria y refuerza la imagen global de la marca Oscar.

El acuerdo va mucho más allá de la noche de la gala. YouTube se compromete a ofrecer un ecosistema completo de contenidos: desde la alfombra roja y el anuncio de las nominaciones hasta eventos tradicionalmente relegados a un segundo plano, como los premios honoríficos del Gobernador, el almuerzo de los nominados, los galardones técnicos o los premios estudiantiles. También habrá espacio para pódcast, piezas educativas y materiales históricos, en un intento por convertir los Oscar en un acontecimiento continuo y no solo en una ceremonia anual.

Google, matriz de YouTube, reforzará además su implicación cultural apoyando la digitalización del Museo de la Academia en Los Ángeles. Frente a este despliegue, otros grandes grupos audiovisuales fueron quedando fuera de la carrera. Netflix, NBCUniversal o Paramount no pudieron igualar una oferta que combinaba alcance global, músculo financiero y una estrategia a largo plazo. Disney, pese a su vínculo histórico con los Oscar, optó por retirarse ante el descenso de audiencia y el elevado coste de los derechos.

El movimiento consolida una tendencia que ya se ha dejado ver en otros premios y mercados. En España, por ejemplo, galas como los Feroz han encontrado en las plataformas digitales un nuevo público, mientras que en Estados Unidos YouTube TV avanza para convertirse en el mayor proveedor de televisión de pago. El crecimiento del consumo en televisores conectados ha terminado de derribar la barrera entre internet y la pantalla grande del salón.

Desde la dirección de YouTube, el acuerdo se presenta como una apuesta cultural de largo recorrido. Su consejero delegado, Neal Mohan, ha subrayado el valor simbólico de los Oscar como institución creativa y su potencial para inspirar a nuevas generaciones de cineastas y espectadores en todo el mundo. En la Academia, por su parte, destacan que este paso refuerza su vocación internacional, cada vez más visible en la composición de sus votantes y en el reconocimiento a películas no estadounidenses.

Ese cambio ya se refleja en el palmarés reciente, con triunfos y nominaciones de producciones de Corea del Sur, Francia o Alemania, y se espera que continúe en las próximas ediciones. La gala de 2026, prevista para marzo en Los Ángeles, volverá a evidenciar esa diversidad creciente, antesala de la gran transformación que llegará tres años después.

El trasfondo económico explica buena parte de la decisión. Aunque los Oscar siguen siendo una de las retransmisiones más rentables del año, sus audiencias han caído de forma sostenida: de los más de 50 millones de espectadores de finales de los noventa a cifras en torno a los 19 millones en la actualidad, con un mínimo histórico tras la pandemia. En este contexto, el modelo tradicional ofrecía cada vez menos margen de crecimiento.

A partir de 2029, el éxito de la gala ya no se medirá solo en términos nacionales ni con métricas clásicas. Las audiencias serán globales, fragmentadas y gestionadas por las propias plataformas, lo que inaugura una nueva era para los Oscar y para todas las grandes ceremonias televisivas. El cine mantiene su noche más importante, pero cambia radicalmente la forma de llegar al público. @mundiario