Estrenada en nuestro país como ‘¿A quién ama Gilbert Grape?‘, esta adaptación de la novela de Peter Hedges nos traslada a Endora, un pueblo ficticio de Iowa donde el tiempo parece haberse detenido. Allí, Gilbert (interpretado por un joven Johnny Depp) carga con una responsabilidad que no le corresponde por edad: es el pilar de una familia profundamente disfuncional. Su madre, Bonnie, sufre de obesidad mórbida y vive recluida tras el trauma del suicidio de su marido, mientras que su hermano menor, Arnie (un asombroso Leonardo DiCaprio), requiere vigilancia constante debido a su discapacidad intelectual.
La película captura con una sensibilidad exquisita la asfixia vital de Gilbert. Él es el hombre de la casa, el que repara el suelo que cede bajo el peso de su madre y el que saca a Arnie de lo alto del depósito de agua del pueblo. Sin embargo, Gilbert es también una figura invisible para sí mismo, alguien que ha enterrado sus propios deseos bajo la pesada losa del deber.
El ascenso de dos leyendas de Hollywood
Aunque Depp realiza un trabajo magistral de contención, fue DiCaprio quien se convirtió en la auténtica revelación. Con apenas 19 años, su interpretación de Arnie Grape fue tan auténtica que muchos críticos y espectadores de la época llegaron a pensar que el actor realmente tenía una discapacidad. Leonardo no solo imitó gestos; capturó la energía caótica, la vulnerabilidad y la alegría pura de un personaje que es el motor emocional de la cinta. Este papel le valió su primera nominación al Oscar, marcando el inicio de una carrera legendaria.
Por su parte, la química entre ambos actores es lo que eleva el filme. La relación entre Gilbert y Arnie es un retrato honesto de la frustración y el amor incondicional. Gilbert protege a su hermano de un pueblo que no lo entiende, pero también llega a su límite personal en escenas de una crudeza emocional que todavía hoy, 30 años después, resultan difíciles de ver.
Un legado de empatía y realismo
Dirigida por el cineasta sueco Lasse Hallström, la película destaca por evitar el sentimentalismo fácil. En lugar de ofrecer un «milagro de Hollywood», la cinta nos muestra la belleza en la aceptación de la imperfección. La llegada de Becky (Juliette Lewis) funciona como el catalizador necesario: ella es la primera persona que mira a Gilbert y no solo a sus problemas familiares, obligándolo a responder a la pregunta que da título al filme en España.
‘¿A quién ama Gilbert Grape?’ sigue siendo relevante porque habla de temas universales: la salud mental, la pobreza rural y la dificultad de soltar lastre para encontrar la propia identidad. Es un recordatorio de que, a veces, el acto de amor más grande no es quedarse para sostener a los demás, sino permitirnos a nosotros mismos empezar a caminar.

