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Crítica: Eternity ,una comedia romántica distinta que se atreve a preguntar qué es el amor verdadero

La historia parte de una idea tan sencilla como sugerente: el amor no se mide solo por lo vivido, sino también por lo que pudo haber sido. Eternity sitúa su relato en un espacio posterior a la muerte, concebido no como un lugar abstracto, sino como un entorno concreto, organizado y casi cotidiano. Desde ahí, la película plantea una pregunta incómoda y profundamente humana: a quién elegir cuando el tiempo deja de existir.

Lejos de convertir esta premisa en un ejercicio filosófico pesado, la narración avanza con ligereza. El tono es accesible, incluso juguetón por momentos, y permite que el espectador se deje llevar por una historia que habla de deseo, memoria y decisiones que marcan una vida… o una eternidad.

Amor verdadero frente a amor idealizado

Uno de los grandes aciertos de Eternity es su capacidad para profundizar en el concepto del amor verdadero sin imponer respuestas. La película contrapone dos formas de amar: la del vínculo construido con el paso del tiempo y la del recuerdo idealizado, intacto y perfecto porque nunca fue puesto a prueba.

Este conflicto se desarrolla sin dramatismos excesivos, apoyándose más en los matices emocionales que en los grandes giros de guion. Eternity no juzga a sus personajes, los observa. Y en esa observación encuentra una verdad reconocible para cualquiera que haya tenido que elegir entre lo que fue y lo que pudo ser.

Química y conexión entre los protagonistas

La conexión entre los actores es uno de los pilares que sostienen la película. La química es evidente desde las primeras escenas y se traduce en diálogos naturales, miradas cargadas de significado y silencios que dicen más que muchas palabras.

Elizabeth Olsen aporta sensibilidad y contención a su personaje, mientras que Miles Teller y Callum Turner construyen dos presencias muy distintas pero igualmente creíbles. El triángulo emocional funciona porque no se apoya en el conflicto fácil, sino en la vulnerabilidad compartida. Esa autenticidad es la que permite que el espectador conecte con la historia incluso cuando el relato se adentra en terrenos más fantásticos.

Comedia, ritmo y un tono accesible

Aunque el eje central sea el romance, Eternity incorpora momentos de comedia que alivian el peso emocional y aportan ritmo. El humor no es estridente ni busca el gag constante, sino que surge de las situaciones y de la propia extrañeza del escenario en el que se mueven los personajes.

Un final cursi que funciona

El desenlace de Eternity no oculta su vocación romántica. Es un final abiertamente cursi, emotivo y sin miedo a abrazar el sentimentalismo. Sin embargo, lejos de resultar impostado, encaja con el tono que la película ha ido construyendo desde el inicio.

La sensación final es la de haber visto una historia honesta, que cree en lo que cuenta y no se disculpa por ello. En un panorama donde muchas comedias románticas parecen avergonzarse de su propio género, Eternity apuesta por lo contrario y sale airosa. @mundiario