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X impone restricciones a Grok tras la presión del Reino Unido

La red social X, propiedad de Elon Musk, ha dado un paso atrás en su política de libertad absoluta al implementar nuevas restricciones en su chatbot de inteligencia artificial, Grok. Esta decisión surge tras una investigación formal abierta por Ofcom, el regulador británico, y la presión directa del primer ministro Sir Keir Starmer, quien calificó de «repugnantes» las capacidades de la herramienta para crear imágenes sexualizadas no consentidas. Las nuevas medidas prohíben la edición de imágenes de personas reales en ropa reveladora y aplican un geobloqueo estricto en jurisdicciones donde estas prácticas son ilegales.

A pesar de que Musk defiende que Grok no genera imágenes de forma espontánea sino por petición del usuario, los gobiernos de Europa y el estado de California han endurecido su postura. El temor principal radica en la propagación de deepfakes que involucran a menores y mujeres, un problema que ya ha llevado a países asiáticos a bloquear totalmente el acceso a la herramienta. En este 2026, el debate se centra en si situar estas funciones tras un muro de pago para suscriptores Premium es suficiente para garantizar la trazabilidad y evitar el abuso del sistema.

Multas millonarias y futuro incierto

El cumplimiento de las normativas de seguridad en línea es ahora la prioridad máxima para evitar sanciones que podrían alcanzar el 10% de la facturación global de la compañía. Ofcom ha advertido que, si las medidas técnicas no son efectivas, podría solicitar órdenes judiciales para interrumpir el servicio en territorio británico, un precedente que España y la UE siguen de cerca. Musk ha asegurado que corregirán cualquier «hackeo de prompts» de forma inmediata, colaborando con las autoridades para mantener la plataforma segura.

Este conflicto subraya el desafío que supone la IA generativa para la industria tecnológica. Mientras X intenta equilibrar la innovación con la legalidad, el caso de Grok se convierte en el examen definitivo para la capacidad de las plataformas de autorregularse antes de que las administraciones impongan legislaciones aún más severas que transformen por completo el ecosistema digital que conocemos.