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Send Help: El retorcido regreso de Sam Raimi al terror visceral

En este enero de 2026, Sam Raimi ha decidido que la mejor forma de purgar el estrés laboral es con una isla desierta, un jefe insoportable y mucha sangre. En Send Help, Rachel McAdams interpreta a Linda Liddle, una empleada brillante pero invisibilizada que es ninguneada sistemáticamente por su jefe, Bradley (Dylan O’Brien). Cuando su jet privado se estrella en una isla remota dejándolos como únicos supervivientes, las jerarquías de la oficina desaparecen. Bradley, incapaz de valerse por sí mismo, descubre pronto que «ya no están en la oficina» y que su vida depende totalmente de la mujer a la que despreciaba.

Un duelo interpretativo al límite

La película se aleja de los romances de naufragios convencionales para abrazar el estilo «serie B» que hizo famoso a Raimi. Rachel McAdams sorprende con una transformación física desaliñada, recordando a la vulnerabilidad de una antiheroína en condiciones extremas, pero con una sed de venganza muy real. Por su parte, Dylan O’Brien borda el papel de jefe arrogante y patético, creando una dinámica de odio mutuo que escala hacia una guerra inverosímil. Raimi disfruta recreando el dolor físico, desde heridas supurantes hasta situaciones límite, recordándonos por qué es el maestro del humor negro y el horror físico.

Sátira social con sello Raimi

Aunque el punto de partida recuerda inevitablemente a la oscarizada El triángulo de la tristeza, Send Help cambia la sofisticación europea por la provocación pura del cine de género estadounidense. El director no busca un comportamiento humano plausible, sino mantener al público en tensión mediante giros de guion retorcidos y una puesta en escena que roza lo macabro. A pesar de un uso a veces excesivo de efectos digitales, la película logra su objetivo principal: ser un entretenimiento visceral que satisface el deseo oculto de cualquier empleado maltratado. Es, en definitiva, el regreso triunfal de Raimi al cine que más le divierte rodar.