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Quizá no seas fan de Torrente. No pasa nada. Puede que aun así disfrutes… y bastante

No soy, ni he sido nunca, fan de Torrente. El personaje, con su humor grosero, su incorrección política constante y su estética deliberadamente incómoda, no conecta especialmente conmigo. Y, sin embargo, hay algo que resulta innegable: cuando Santiago Segura se pone detrás de la cámara y del guión con Torrente, saca lo mejor de sí mismo.

Torrente Presidente es una comedia directa, de la que te hace reír sin complejos. Segura demuestra un dominio del ritmo cómico que no siempre se le reconoce en el mundillo – no así el público -. La película avanza sin descanso, encadenando situaciones absurdas y, en su segunda mitad, persecuciones, tiroteos y sangre. El guión de esta película desborda inteligencia narrativa. 

Pero hay algo más, y quizá ahí reside parte de su acierto: su capacidad para hacer un análisis —grueso, sin matices finos, pero sorprendentemente certero— de la política española. Torrente Presidente no pretende ser sátira sofisticada ni análisis profundo, pero sí ofrece una caricatura reconocible, cercana a la realidad y, sobre todo, comprensible para cualquiera. No exige bagaje político ni intelectual; juega en el terreno de lo evidente, de lo que todo el mundo intuye o comenta en voz baja.

Esa mirada, simplificada pero eficaz, conecta con un público amplio porque traduce la complejidad política en códigos accesibles. 

Además, la película abraza sin pudor el espectáculo: hay sangre, hay acción, hay exageración y, sobre todo, hay un sentido del entretenimiento muy claro. 

Lo más interesante es que, incluso para quienes no conectamos con el personaje, la experiencia funciona. Porque más allá del personaje Torrente, lo que hay es cine comercial bien hecho

Y al final, eso es lo que queda. Sales del cine complacido, con la sensación de haber pasado un buen rato, de haber reído —de verdad—, y de haber asistido a una película que, sin complejos ni pretensiones, cumple con creces su objetivo.

Quizá no seas fan de Torrente. No pasa nada. Puede que aun así disfrutes, y bastante, de lo que Santiago Segura sabe hacer cuando juega en su terreno: entretener… y, de paso, lanzar un espejo deformado pero reconocible de la realidad que nos rodea. @opinionadas