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Adiós a Celso Bugallo, el actor que llegó tarde al cine y dejó una huella imborrable

El actor Celso Bugallo ha fallecido este sábado en Pontevedra a los 78 años, dejando tras de sí una carrera singular y profundamente respetada en el panorama cultural español. Nacido en Vilalonga, en el municipio pontevedrés de Sanxenxo, habría cumplido 79 años el próximo 1 de enero. Su muerte pone fin a la vida de un intérprete que demostró que el talento no entiende de relojes y que el cine puede descubrir a sus grandes secundarios cuando muchos ya se dan por vencidos.

Bugallo pasó décadas entregado al teatro antes de asomarse por primera vez a la gran pantalla. No fue hasta los 52 años cuando debutó en el cine, bajo la dirección de José Luis Cuerda en La lengua de las mariposas (1999). A partir de entonces, inició una carrera fulgurante en el audiovisual que le llevó a participar en más de cincuenta películas y series, convirtiéndose en uno de los actores de reparto más sólidos y reconocibles del cine español contemporáneo.

El rostro de la dignidad obrera y el dolor silencioso

Su consagración llegó de la mano de Fernando León de Aranoa, quien supo ver en Bugallo una verdad interpretativa poco común. En Los lunes al sol encarnó a Amador, un personaje marcado por la precariedad y el desencanto, que conectó de manera directa con el público. A partir de ahí, su colaboración con León de Aranoa se prolongó en títulos como Amador y El buen patrón, película por la que volvió a ser nominado al Goya.

El reconocimiento definitivo llegó con Alejandro Amenábar y Mar adentro (2004). En ella dio vida a José Sampedro, el hermano del protagonista, un papel contenido y desgarrador con el que obtuvo el Goya a mejor actor de reparto. La película no solo fue un éxito nacional, sino que culminó su recorrido con el Oscar a mejor película internacional, situando a Bugallo en el escaparate mundial del cine.

Su físico austero, su voz grave y su capacidad para encarnar hombres marcados por el peso de la vida le permitieron construir una galería de personajes secos en apariencia, pero profundamente humanos. Esa “galleguidad” interpretativa le abrió las puertas de rodajes tanto en su tierra como en otras zonas del norte de España, en filmes como El lápiz del carpintero o La vida que te espera.

La biografía de Bugallo estuvo atravesada por la emigración y las dificultades. Hijo de un mecánico represaliado durante el franquismo, apenas cursó estudios hasta los 10 años. En los años cincuenta, su familia se trasladó a Bilbao y posteriormente a Logroño. Fue allí donde descubrió su vocación al ver Rebelde sin causa y quedar fascinado por James Dean. El teatro se convirtió entonces en su refugio y su escuela.

En 1978 regresó a Galicia, donde fundó la compañía Olimpo y desarrolló una intensa actividad escénica. A mediados de los noventa impulsó el Aula de Formación de Actores de Pontevedra (AFAP), desde la que dirigió numerosos montajes, la mayoría en lengua gallega, reafirmando su compromiso con la cultura de su tierra.

Una filmografía extensa y coherente

A lo largo de su carrera, Celso Bugallo participó en títulos tan diversos como Salvador (Puig Antich), La noche de los girasoles, 53 días de invierno, Pudor, Cenizas del cielo, Agallas, La playa de los ahogados, Palmeras en la nieve, Trote o Loli Tormenta, la última película de Agustí Villaronga. En televisión dejó su sello en series como Fariña, Los hombres de Paco, El incidente o, más recientemente, El caso Asunta.

Su muerte cierra una trayectoria tardía pero intensa, construida desde la honestidad y el trabajo constante. Celso Bugallo demostró que no hay papeles pequeños cuando se interpretan con verdad, y que el cine español encontró en él, demasiado tarde quizá, a uno de sus actores más fiables y profundamente humanos. @mundiario