fbpx

Bosque ebrio: la resistencia femenina conquista la Berlinale

En los picos más remotos de los Alpes, el tiempo parece detenerse, y es precisamente esa atemporalidad la que Manon Coubia ha capturado en «Bosque ebrio» (Forêt Ivre). La película, que ha encantado al público de la Berlinale 2026, narra las historias de tres mujeres que deciden retirarse del mundo para trabajar como guardianas de una cabaña alpina. A través de este refugio, Coubia construye un relato sobre la soledad elegida como un «acto político» y la reconexión con una naturaleza que mezcla lo místico con lo mineral.

Lo más fascinante de la producción es su carácter de «cine ligero». Financiada con un presupuesto reducido, la directora reunió a un equipo de apenas ocho personas. Durante el rodaje, la propia Coubia compaginó la dirección con la gestión real de la cabaña, atendiendo a excursionistas mientras las cámaras rodaban. Esta inmersión total permitió a las actrices habitar el paisaje en lugar de simplemente interpretarlo, bajo condiciones meteorológicas reales que dictaban el ritmo del guion.

La mística del celuloide y el silencio alpino

A pesar del presupuesto ajustado, Coubia tomó una decisión artística arriesgada: rodar todo el proyecto en película. Esta elección aportó una «naturaleza sagrada» al rodaje, obligando al reparto a una concentración absoluta y capturando la energía única del momento. Para Coubia, nacida entre estas montañas, la película es también un homenaje personal: su abuelo formó parte de la Resistencia francesa en estos mismos valles, y las protagonistas actúan ahora como guardianas de esas memorias que el tiempo amenaza con borrar.

Un refugio místico contra el olvido

El título, «Bosque ebrio», hace referencia a un entorno casi místico donde los personajes encuentran una euforia que los acerca a su esencia más profunda. La película también lanza un mensaje ecologista sutil al mencionar la desaparición de especies locales, simbolizando un mundo pasado que se desvanece ante la presión humana. Al final, la obra de Coubia se erige como una defensa de la autonomía femenina y un refugio contra la prisa del mundo moderno, consolidando a la directora como una de las voces más auténticas del nuevo cine independiente europeo.