La obra toma como punto de partida la figura de Rudolf Wilmes, un investigador que llegó a la zona en 1930 con el objetivo de recopilar material lingüístico sobre el aragonés. A partir de esa premisa, el documental reconstruye tanto su experiencia como el contexto en el que desarrolló su trabajo, ofreciendo una visión de un territorio que, en aquel momento, conservaba formas de vida poco alteradas por los procesos de industrialización.
El relato conecta esa mirada externa con la memoria de los habitantes del valle, estableciendo un diálogo entre pasado y presente. A través de testimonios, paisajes y referencias culturales, la película dibuja un retrato de una comunidad profundamente vinculada a su entorno, en la que la transmisión de conocimientos y tradiciones se convierte en un elemento central.
Uno de los aspectos fundamentales del documental es el papel que desempeña el paisaje. Localizaciones como Nerín, Cuello Arenas o el cañón de Añisclo no se presentan únicamente como escenarios, sino como elementos que condicionan la vida cotidiana de quienes habitan la zona. La geografía del Pirineo, marcada por su carácter montañoso y aislado, influye directamente en la configuración de la identidad local.
La película plantea cómo un entorno que combina belleza y dureza puede generar una relación tan estrecha entre las personas y la tierra. Este planteamiento se articula a través de imágenes que recorren distintos puntos del valle, mostrando tanto su dimensión natural como su valor simbólico dentro del relato.
El enfoque visual apuesta por un ritmo pausado que permite observar el territorio con detenimiento. La cámara se detiene en los detalles del paisaje, reforzando la idea de que la naturaleza forma parte esencial de la historia que se cuenta. En este sentido, el documental establece una conexión entre el espacio físico y la memoria colectiva.
Una reconstrucción desde la memoria compartida
La película se inspira en el libro Nerín. Memorias compartidas, que sirve como base para la reconstrucción de los hechos y las experiencias vinculadas al valle. A partir de este material, el director construye una narrativa que combina investigación histórica y testimonio personal, situando el foco en las historias que han dado forma a la identidad del lugar.
El paso de Rudolf Wilmes por el valle se convierte en un hilo conductor que permite explorar distintos aspectos de la vida en el Pirineo durante el siglo XX. Su trabajo como lingüista no solo aporta información sobre el aragonés, sino que también revela una forma de vida que se encontraba al margen de los cambios que afectaban a otras regiones de Europa.
El documental establece así una relación entre la investigación académica y la experiencia cotidiana de los habitantes, mostrando cómo ambas perspectivas contribuyen a la comprensión del territorio. La memoria se presenta como un elemento dinámico, construido a partir de múltiples voces y relatos. Con la tierra en los pies se estrenará en el marco del festival Espiello, donde formará parte de la programación dedicada al cine documental. @mundiario




