Las nominaciones a los Oscar 2026 han dibujado un tablero tan revelador como contradictorio: películas convertidas en símbolos, autores consagrados marginados, plataformas digitales desautorizadas y franquicias desplazadas del centro del relato. Entre reconocimientos inesperados y silencios clamorosos, la Academia no solo reparte candidaturas, sino que reescribe el mapa del prestigio cinematográfico global y redefine quién merece formar parte del canon de Hollywood.
SORPRESAS
Los pecadores: la tormenta perfecta

El gran fenómeno del año no solo ha cumplido expectativas, las ha superado. Las 16 nominaciones de Los pecadores convierten a la película de Ryan Coogler en un hito histórico. No se trata solo de volumen, sino de transversalidad: presencia en categorías artísticas, interpretativas y técnicas. La Academia ha construido un consenso absoluto alrededor del filme, que ya no es solo una favorita, sino el eje central de toda la carrera hacia la estatuilla. Un caso de alineación total entre crítica, industria y votantes.
Kate Hudson: el regreso inesperado

La nominación de Kate Hudson por Song Sung Blue ha sorprendido por múltiples razones. Primero, por el tipo de película: biopic emocional clásico, de los que parecían haber perdido peso en la Academia. Segundo, por el perfil de la actriz, más asociada a la comedia romántica que al cine de premios. Sin embargo, su campaña final ha funcionado y su candidatura refleja que la “vieja Academia” aún sigue viva bajo la nueva fachada más internacional y diversa.
La voz de Hind: política y cine se cruzan

La presencia de La voz de Hind en película internacional es una de las decisiones más significativas del año. En un contexto de enorme tensión política global, la Academia ha optado por incluir una obra de fuerte carga simbólica y denuncia explícita. Hollywood, habitualmente ambivalente ante conflictos internacionales, ha dado aquí un paso que no es solo cinematográfico, sino político. Su nominación no garantiza premios, pero sí marca una posición.
F1: el blockbuster que sí entró

Que una película comercial acceda a categorías técnicas es habitual. Que lo haga a mejor película, no tanto. F1 rompe esa barrera: cine de espectáculo, deporte global, estrella mediática y producción de gran estudio que logra legitimación académica. Es una sorpresa que redefine qué entiende la Academia hoy por “cine serio” y demuestra que el blockbuster puede ser aceptado si se presenta con un envoltorio autoral y épico.
El agente secreto: Brasil consolida su espacio

Tras el precedente de Aún estoy aquí, el cine brasileño vuelve a irrumpir con fuerza. El agente secreto no solo logra nominaciones, sino que se instala en categorías clave como mejor película y mejor actor. Es el resultado de una combinación de movilización cultural, prestigio artístico y apoyo internacional, que convierte al cine brasileño en un actor estable dentro del mapa de premios.
DECEPCIONES
Netflix: mucha inversión, poco resultado

La plataforma vuelve a ser uno de los grandes nombres… pero no por las razones deseadas. Pese a su despliegue estratégico, Netflix ha quedado fuera con varias de sus apuestas fuertes. Proyectos como Jay Kelly o Nouvelle Vague han desaparecido del mapa sin dejar rastro. La sensación es clara: la cantidad ya no sustituye al prestigio, y la Academia empieza a penalizar estrategias industriales demasiado evidentes.
Park Chan-wook: otro desprecio histórico

El nuevo ninguneo al cineasta coreano y su No Other Choice confirma una constante incómoda: la Academia sigue sin saber qué hacer con algunos de los grandes autores del cine contemporáneo. Tras el precedente de Decision to Leave, su nueva obra vuelve a ser ignorada. No es una decisión artística: es una barrera cultural estructural. Uno de los grandes directores vivos sigue siendo invisible para Hollywood.
Las franquicias: caída libre del cine industrial

El mensaje es contundente: la era dorada de las sagas no tiene reflejo en los premios. Wicked: Parte 2 ha sido completamente ignorada. Avatar: Fuego y ceniza queda relegada a efectos visuales. La Academia ya no busca conectar con la taquilla, sino diferenciarse de ella. El cine de franquicia se consolida como fenómeno económico, pero no cultural dentro del sistema de premios.
El testamento de Ann Lee: el olvido tras el prestigio

El caso de Mona Fastvold ilustra la volatilidad del reconocimiento. Tras el éxito previo de The Brutalist, su nuevo proyecto desaparece por completo del radar, sin nominaciones y sin respaldo institucional. Ni siquiera Amanda Seyfried logra colarse entre las candidatas. Hollywood premia el éxito, pero no garantiza continuidad.
El anime: éxito global, desprecio académico

A pesar del impacto mundial del anime en taquilla y cultura popular, la Academia sigue ignorándolo sistemáticamente. Ni Kimetsu no Yaiba ni Chainsaw Man han logrado reconocimiento, mientras se priorizan propuestas más occidentalizadas o seguras como Las guerreras del K-Pop o productos de animación más clásicos. El mensaje es claro: éxito juvenil no equivale a legitimidad cultural para Hollywood.
Los Oscar 2026 confirman una paradoja cada vez más evidente: la Academia quiere parecer moderna, diversa y global, pero sigue funcionando con lógicas profundamente conservadoras.
Premia fenómenos cuando se alinean con su narrativa institucional (Los pecadores), acepta el cine político cuando encaja en su discurso, pero mantiene barreras culturales, desprecia fenómenos populares emergentes y sigue marcando distancias con el cine de masas tradicional.
Más que un reflejo del cine del año, las nominaciones vuelven a ser un retrato del poder simbólico de Hollywood: qué historias legitima, qué discursos acepta y qué industrias decide dejar fuera del canon. Porque los Oscar, al final, no solo eligen ganadores: construyen jerarquías culturales. @mundiario




