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El hechizo sonoro de Kiss of the Spider Woman: cuando la música rompe los barrotes

Bill Condon es el responsable de joyas como Dreamgirls o Beauty and the Beast y en esta versión promete una puesta en escena tan ambiciosa como íntima, donde la música y la emoción se entrelazan en una danza de libertad interior.

La película ambientada en una prisión argentina durante la dictadura, narra el vínculo inesperado entre Molina (Ben Platt), un preso homosexual amante del cine, y Valentín (Diego Boneta), un revolucionario político. Entre muros grises y silencios rotos, Molina evoca el recuerdo de su diva cinematográfica ideal: la “Mujer Araña”, encarnada por Jennifer Lopez, símbolo de belleza, peligro y evasión. En esa tensión entre fantasía y represión, la banda sonora se convierte en la verdadera llave de la libertad emocional.

Kiss of the Spider Woman (2025) no es solo una historia de amor o resistencia: es una obra musical sobre la necesidad de soñar, una película que canta con el alma. Y, como todo buen musical, su corazón late al ritmo de su partitura.

La película conserva los clásicos del musical original de John Kander y Fred Ebb, autores de Cabaret y Chicago, pero introduce un tratamiento cinematográfico nuevo: más íntimo, más atmosférico, más comprometido con la psicología de sus personajes.
El resultado es una banda sonora que oscila entre la opresión y el delirio, entre la dureza del encierro y la sensualidad de la fantasía musical.

Los arreglos de las canciones, así como el score original compuesto por Sam Davis, crean una experiencia sonora que no se limita a acompañar la trama, sino que la interpreta. La música se convierte en la voz de lo que los personajes callan: miedo, deseo, libertad, culpa y redención.

El nombre de Sam Davis, el compositor que teje los sueños, quizás no suene tan familiar como el de Kander o Ebb, pero su contribución es la que da unidad a la película. Davis, reconocido compositor, arreglista y director musical en Broadway, se encarga de la partitura instrumental original del largometraje: un trabajo que funciona como hilo invisible entre las canciones y la narrativa dramática.

Formado en la Juilliard School y con una carrera sólida en el teatro musical, Davis ha trabajado como orquestador y productor en espectáculos de renombre. Sin embargo, con Kiss of the Spider Woman da un salto hacia el gran cine, desplegando un lenguaje musical que combina orquestación clásica, matices de tango y texturas electrónicas sutiles, en un delicado equilibrio entre lo terrenal y lo onírico.

Su música no impone: respira con los personajes, refuerza el pulso emocional y otorga coherencia a un relato que transita entre dos mundos. En las escenas carcelarias, el score se retrae: cuerdas graves, silencios sostenidos, percusión mínima. Pero cuando Molina se sumerge en sus fantasías, el sonido florece: cuerdas brillantes, coros etéreos, arpegios de piano que se disuelven como reflejos de un espejo roto. Davis logra que cada transición se sienta como un despertar: la realidad opaca se funde con el technicolor de los sueños.

El papel de Jennifer Lopez como la Mujer Araña aporta un elemento inédito: su presencia musical como figura mítica, mitad musa y mitad amenaza. La artista interpreta nuevas versiones de los temas clásicos del musical, incluyendo una imponente recreación de Kiss of the Spider Woman, el tema central. Su voz sensual y madura da un nuevo significado a la canción: ya no es solo el canto de una diosa de celuloide, sino la promesa de una libertad imposible.

El álbum, editado por Walt Disney Records y disponible en streaming junto al estreno del film, incluye tres composiciones inéditas rescatadas del archivo original de Kander y Ebb, entre ellas “Never You” y “I Will Dance Alone”. Estas piezas, adaptadas al contexto cinematográfico, expanden el universo emocional de los personajes y ofrecen nuevas capas de lectura. Lo fascinante del trabajo musical en Kiss of the Spider Woman es su dualidad. Por un lado, la partitura abraza la crudeza del realismo: cada golpe de la puerta metálica, cada respiración entre rejas, tiene su eco en la música.Por otro, el sonido abre portales de fantasía, transformando la prisión en un escenario dorado donde el deseo se vuelve coreografía.

La dirección musical convierte la historia en un espejo emocional: la música no ilustra las escenas, las vive. Es un personaje más, que nos guía por los estados de ánimo de los protagonistas con una precisión casi teatral. Sam Davis logra lo que pocos compositores alcanzan: una banda sonora que no acompaña la película, la interpreta.

Kiss of the Spider Woman (2025) llega en un momento de resurgimiento de los grandes musicales cinematográficos. Tras los éxitos recientes de Wonka y Mean Girls: The Musical, esta producción apuesta por algo más arriesgado: un musical político, sensual y poético.

La música de Kander, Ebb y Davis no busca el hit pop ni el espectáculo vacío: apuesta por la emoción contenida, por la belleza que nace del dolor. El resultado es una experiencia cinematográfica que recuerda por qué la unión entre música y cine sigue siendo una de las formas más potentes de arte: cuando ambos se entienden, el alma vibra a su propio compás.

Al final, Kiss of the Spider Woman no es solo una historia sobre dos hombres atrapados. Es un relato sobre cómo la imaginación puede romper cualquier celda. Y en ese acto de libertad, la música es la verdadera heroína: la que transforma la oscuridad en deseo, el silencio en melodía, la prisión en escenario.

Con su trabajo, Sam Davis demuestra que el poder del cine no está solo en las imágenes, sino también en las notas que las envuelven. Porque cuando la música y el cine se dan la mano, no hay barrotes que puedan contenerlos. @mundiario