Once años después de cautivar al público con Un asunto familiar, el director neerlandés Tom Fassaert vuelve a girar la cámara hacia su entorno más cercano. En su nuevo documental, Entre hermanos, presentado mundialmente en el Festival de Róterdam de este 2026, Fassaert observa la compleja relación entre su padre, Rob, y su tío René. Lo que comienza como una exploración del pasado apoyada en material de archivo, pronto se convierte en una reveladora road movie donde dos hermanos septuagenarios intentan resolver los misterios de su infancia en un orfanato y un secreto sobre su linaje que ha marcado sus vidas.

La ética de filmar a la familia
Para Fassaert, este proyecto supuso enfrentarse a grandes «trampas éticas». Tras las lecciones aprendidas en su película anterior, el cineasta era consciente de que la cámara puede ser un arma capaz de manipular la imagen de un ser querido. Sin embargo, en esta ocasión buscó un equilibrio emocional: permitir que René, a pesar de sus problemas de salud mental, tuviera la misma voz y capacidad crítica que su hermano psicólogo. La película no solo aborda el dolor, sino que utiliza el humor como mecanismo de defensa y supervivencia ante las constantes disputas entre los protagonistas durante su viaje.
Hacia un tríptico sobre la identidad
La realización de Entre hermanos coincidió con un cambio vital para el director: convertirse en padre de dos hijos. Esta nueva perspectiva alimentó su curiosidad sobre si es posible romper con el trauma transgeneracional o si estamos condenados a repetir los errores del pasado. Aunque Fassaert confiesa sentir nervios ante la reacción del público, ya vislumbra la posibilidad de completar un tríptico documental que incluya su propia experiencia como progenitor. En un mercado de streaming que asume pocos riesgos, este filme reivindica el valor del cine documental independiente y profundamente humano.
