Las nominaciones a los Premios Goya 2026 han irrumpido con la contundencia de un terremoto cultural que reordena el mapa cinematográfico español. Si bien la edición pasada quedó marcada por el histórico empate entre El 47 y La infiltrada, este año el objetivo parece claro: evitar otro ex aequo y dejar que la competición se resuelva con nitidez. Sobre el papel, Los domingos arranca con ventaja gracias a sus 13 candidaturas, seguida por Sirat, que suma 11 nominaciones, y Maspalomas, que completa el trío de cabeza con 9 menciones. El resto se reparte como puede en un año donde lo inesperado domina el relato.
Tres sorpresas que alteran el guion previsto
Las nominaciones han dejado hueco para titulares que nadie veía venir. La primera gran sorpresa es la inclusión de Albert Serra en la categoría de Mejor Dirección por Tardes de soledad, un trabajo tan discutido como admirable desde el punto de vista formal. Pese a la división que genera su cine, la Academia ha optado por reconocer el valor artístico de una propuesta incómoda, austera y radical, que logra colarse también en el apartado documental.
La segunda sorpresa lleva el nombre de una cinta pequeña que ha logrado colarse entre gigantes: Ciudad sin sueño. Con cinco nominaciones –incluyendo guion adaptado y actor revelación– la película se convierte en la reivindicación del cine independiente, ese que suele quedar opacado por las superproducciones nacionales. La interpretación de Toni Fernández y la fuerza de su guion la sitúan entre los títulos más celebrados por crítica y público, aunque su presencia en la alfombra roja ya es un premio en sí misma.
La tercera alegría inesperada es la irrupción de La cena como candidata a Mejor Película. Esta comedia, nacida casi en silencio y convertida en fenómeno gracias al boca a boca, suma ocho nominaciones y desafía el tono dramático dominante entre las favoritas. Su éxito en taquilla –con más de tres millones de euros recaudados– ha sido determinante, demostrando que el humor, cuando está bien escrito, también puede conquistar a la Academia.
Cinco decepciones que confirman las tensiones del cine español
Pero la otra cara de la moneda está marcada por ausencias difíciles de digerir. La primera de ellas es el pobre desempeño de Romería, la cinta de Carla Simón que llegaba como candidata natural al Oscar y que parecía destinada a dominar los Goya. Aunque suma seis nominaciones, su ausencia en la categoría de Mejor Película evidencia que una parte de la Academia no ha conectado con la propuesta, considerada por muchos como su obra más madura.
Otro nombre que genera perplejidad es el de Alejandro Amenábar, que queda fuera de la nominación a Mejor Dirección por El cautivo. Su regreso al cine tras seis años alimentó expectativas que no han terminado de cumplirse: pese a sus siete nominaciones técnicas, la cinta no ha logrado el reconocimiento artístico que se esperaba y evidencia un tropiezo poco habitual en su trayectoria.
También sorprende el vacío interpretativo en torno a Sirat, especialmente la ausencia de Sergi López, cuyo trabajo se daba por hecho entre los candidatos. La película, elegida para representar a España en los Oscar, parece haber despertado resistencias internas que la dejan sin reconocimiento actoral.
La lista de decepciones continúa con el ninguneo a Daniela Forever, lo último de Nacho Vigalondo. Su propuesta de ciencia ficción y su potente apartado visual parecían apuestas seguras en categorías técnicas, pero la Academia ha vuelto a mostrar su tradicional distancia con el cine de género, dejándola fuera de todas las candidaturas.
Y, por último, queda el caso de Madrid, Ext, una de las obras documentales más valoradas del año. Su ausencia en las nominaciones confirma el sesgo repetitivo de premiar siempre los mismos títulos que arrastran inercia en festivales, dejando escapar propuestas arriesgadas y formalmente innovadoras.
Unos Goya en busca de equilibrio
En conjunto, las nominaciones pintan un escenario vibrante pero también lleno de tensiones. El cine independiente se abre paso, pero no sin chocar con inercias históricas. Los grandes nombres quedan cuestionados, mientras las pequeñas historias sorprenden por su fuerza. Y la Academia, un año más, evidencia que sigue debatiéndose entre tradición y renovación.
A falta de mes y medio para la gala del 28 de febrero, el tablero está abierto y las expectativas, divididas. Lo único seguro es que esta edición de los Goya llega marcada por la imprevisibilidad, un reflejo fiel del momento complejo que atraviesa el cine español. @mundiario

