La 51.ª edición de los Premios César en París será recordada por uno de los momentos más insólitos de la temporada de premios. Jim Carrey, alejado de los focos en los últimos tiempos, reapareció el pasado 26 de febrero para recibir el César de Honor, sucediendo a figuras como Julia Roberts. Sin embargo, su aspecto físico y su mirada despertaron una oleada de teorías conspirativas en redes sociales, alimentadas por la artista drag Alexis Stone, quien sugirió mediante un vídeo con prótesis que ella era quien estaba bajo la piel del actor esa noche.
Ante el ruido digital, Gregory Caulier, delegado general de los premios, ha salido al paso de forma contundente. Caulier ha calificado los rumores de «irrelevantes» y ha subrayado la autenticidad de un momento que calificó como «histórico». Según la organización, la visita de Carrey se planificó con ocho meses de antelación y el actor mostró una dedicación absoluta, trabajando durante meses en su pronunciación para ofrecer un discurso íntegramente en francés ante la crème de la crème del cine galo.
Un discurso personal y raíces en Saint-Malo
Lejos de las teorías de «clones», la realidad de la noche fue profundamente humana. Carrey asistió a la gala en el teatro Olympia acompañado de su pareja, su hija, su nieto y un nutrido grupo de amigos cercanos como el director Michel Gondry. Durante su intervención, que arrancó una ovación de pie, el actor reveló sus lazos ancestrales con Francia: su antepasado, Marc-François Carré, nació en la localidad de Saint-Malo antes de emigrar a Canadá. «Mi lengua está cansada», bromeó el actor tras esforzarse en hablar el idioma local, logrando un equilibrio perfecto entre su humor característico y una vulnerabilidad que conmovió a los asistentes.
El tributo de la Academia a una leyenda viva
El homenaje no escatimó en guiños a la carrera del protagonista de El show de Truman. El presentador de la gala, Benjamin Lavernhe, protagonizó un número musical parodiando ‘La Máscara’ con el icónico traje amarillo, recreando la energía que convirtió a Carrey en un icono global. Esta reaparición en febrero de 2026 se suma a un mes brillante para la industria, donde la nostalgia por los grandes mitos convive con nuevos fenómenos como Sydney Sweeney en la película ‘La Empleada’. Para la Academia francesa, la generosidad y elegancia de Carrey son la única verdad detrás de una noche que ya es historia del cine.

