El cine de animación vive una era dorada de experimentación donde la ausencia de diálogos potencia la fuerza de la imagen pura. Siguiendo la estela de la aclamada ‘Flow’, la directora japonesa afincada en Francia, Momoko Seto, debuta en el largometraje con ‘La odisea del diente de león’. Esta fábula de ciencia ficción botánica transforma a cuatro semillas en auténticos cosmonautas. La trama sigue su viaje épico a través de un agujero negro hasta aterrizar en una roca flotante desconocida, donde deben enfrentarse a depredadores y elementos hostiles para cumplir su propósito biológico de vida: echar raíces en un nuevo mundo.
Emoción sin palabras en un mundo fotorrealista
El mayor logro de Seto es dotar de una personalidad arrolladora a entes que son técnicamente inanimados. A pesar de carecer de rostros o extremidades humanas, las cuatro semillas expresan miedo, alegría y una profunda camaradería mediante el movimiento de sus estructuras plumosas y una cuidada paleta de sonidos emocionales. Cada semilla posee atributos físicos que definen claramente su rol dentro del grupo: desde la más robusta que ejerce de líder hasta la pareja que evoca un sutil romance botánico. Esta capacidad para generar empatía universal recuerda a clásicos como ‘En busca del valle encantado’, logrando con recursos mínimos una conexión orgánica con el espectador.
Un festín visual entre la realidad y la fantasía
Visualmente, la película destaca por un fotorrealismo impresionante en sus primeros planos. La textura de una rana despertando de su letargo o el brillo de criaturas fantásticas que emulan la fauna terrestre engañan al ojo humano por su altísimo nivel de detalle. No obstante, la cinta flaquea ocasionalmente en los planos generales, donde la iluminación plana puede recordar a estéticas digitales de épocas pasadas. A pesar de estas pequeñas irregularidades técnicas, la inventiva científica para imaginar un planeta extranjero —donde la evolución ocurre en cuestión de segundos y los cielos lucen múltiples lunas— hace de esta obra una experiencia hipnótica. Es, en definitiva, una pequeña joya que celebra la resiliencia de la naturaleza.
