La animación vive un momento de expansión sin precedentes. Ya no es solo terreno de la comedia familiar o el cine infantil: cada vez más cineastas recurren al dibujo, la ilustración digital o la animación híbrida para abordar temas tan complejos como la violencia de género, la represión política, la salud mental o la memoria histórica. Un fenómeno que no solo refleja la madurez artística del sector, sino también una preferencia internacional hacia formas de narrar que combinan realidad y simbolismo sin necesidad de mostrar violencia explícita en pantalla.
Del entretenimiento a la denuncia social
La tendencia adquirió una nueva dimensión con Bella (2025), dirigida por Manuel H. Martín y Amparo Martínez Barco, inspirada en la historia real de la activista Ana Bella Estévez. La película, protagonizada por Michelle Jenner, ha sido nominada a los Premios Forqué y suena para los Goya por su tratamiento delicado y psicológico de la violencia machista.
Según Martín, la animación permitió “trabajar con un lenguaje más sutil” sin renunciar a mostrar las dinámicas de control emocional, dependencia y pérdida de identidad que experimenta una víctima.
Esta línea conecta con otras producciones recientes que han mezclado documental y animación para abordar casos reales. El ejemplo más citado es Flee (Dinamarca, 2021), nominada a los Oscar en las categorías de película internacional, documental y animación de forma simultánea; o Waltz with Bashir (Israel, 2008), pionera en el uso de animación para reconstruir traumas de guerra.
Un lenguaje para narrativas imposibles
España ha comenzado a incorporarse a esa corriente global con más fuerza. En 2024 y 2025, diversos festivales —como Annecy, Málaga, Sevilla o Animac Lleida— celebraron el crecimiento de una animación hecha para adultos. Entre las obras clave destacan:
La voz de Hind (2025), dirigida por la tunecina Kaouther Ben Hania, con coproducción francesa y española. Utiliza audios reales de la niña palestina Hind Rajab para reconstruir su asesinato, combinando documental y recreación animada. Ganó el Gran Premio del Jurado en Venecia y busca plaza en los Oscar.
Robot Dreams (2023), dirigida por Pablo Berger, nominada al Oscar y convertida en un fenómeno internacional por su retrato emocional de la amistad, soledad y pérdidas.
Unicorn Wars (2022), de Alberto Vázquez, una sátira antibélica oscura y adulta que confirmó la mirada radical de la animación española.
La serie Heavies Tendres (Filmin/RTVE), basada en las memorias ilustradas de David Trueba y Miguel Brieva, precursora de historias socialmente complejas contadas mediante animación.
El auge responde a una misma razón: la animación permite tratar temas de extrema dureza sin caer en el morbo, pero también representar mundos internos, metáforas visuales, traumas y emociones que el live-action no puede plasmar con la misma libertad.
Un sector en plena expansión internacional
El crecimiento de la animación española no es casual. Según datos del ICAA, el volumen de producción de películas animadas en España ha aumentado un 35% en los últimos 5 años, mientras que la exportación de contenidos a Europa, Latinoamérica y Asia ha crecido especialmente a través de plataformas como Netflix, Movistar Plus+ y Filmin.
Además, España ha consolidado un ecosistema industrial robusto, con estudios como SPA Studios (creadores de Klaus, ganadora del BAFTA), Lightbox Animation Studios, Abano Producións, Uniko y Arcadia Motion Pictures.
Todos han impulsado una nueva generación de cineastas que entienden la animación como un lenguaje cinematográfico en sí mismo y no como un género infantil.
La apuesta de festivales, premios y plataformas por este tipo de contenidos demuestra que la animación para adultos ya no es una excepción, sino un movimiento en consolidación.
Y como demuestra Bella o La voz de Hind, es también la vía perfecta para contar historias que necesitan ser escuchadas sin filtros, pero con un tacto que solo la animación puede ofrecer. @mundiario




