Estrenada en 1959 y dirigida por Pedro Lazaga, Los tramposos es una de las comedias más influyentes de la España tardofranquista. Protagonizada por Tony Leblanc y Antonio Ozores, la película consolidó un estilo humorístico que mezclaba tradición picaresca, crítica social camuflada y un retrato humano de quienes sobrevivían con ingenio en un país de escasas oportunidades.
La cinta sigue las andanzas de dos buscavidas que, pese a sus constantes intentos por prosperar mediante pequeñas estafas, encarnan una figura muy reconocible para el público español: la del pícaro entrañable, heredero directo de la literatura clásica pero actualizado a un contexto urbano de posguerra. Su éxito fue inmediato y marcó la carrera de Lazaga, quien exploraría de nuevo este tipo de comedia costumbrista en títulos como El turismo es un gran invento o La ciudad no es para mí.
El arte de hacer crítica social sin desafiar a la censura
Una de las razones por las que Los tramposos continúa siendo una obra relevante es su capacidad para navegar entre la comedia blanca y la sátira social. A través de enredos y situaciones cómicas, la película retrata un país precarizado donde muchos buscaban “salir adelante como fuera”, una realidad que el cine español de la época rara vez podía mostrar de forma directa debido a la censura.
Lazaga y su equipo evadieron esa limitación mostrando personajes cercanos, humildes y profundamente humanos, cuyas trampas reflejaban una sociedad desigual pero también resiliente.
Ese equilibrio entre humor popular y mirada crítica ha permitido que la película envejezca con dignidad, convirtiéndose en un clásico transversal que sigue siendo estudiado por historiadores y aficionados al cine español.
Tony Leblanc y Antonio Ozores: una dupla irrepetible
La química entre Tony Leblanc y Antonio Ozores es uno de los mayores atractivos del filme. Leblanc aporta carisma y agilidad física, mientras que Ozores despliega su característico humor nervioso y su inconfundible dicción atropellada. Juntos construyen una pareja cómica que influiría en generaciones posteriores, desde las comedias de los años 70 hasta las series televisivas de los 90 y 2000.
Los tramposos también consolidó el rol de Leblanc como una de las grandes estrellas del cine español popular, décadas antes de su renacimiento cinematográfico con Torrente.
Un emblema de la picaresca moderna
Aunque bebe de la tradición literaria del pícaro —del Lazarillo a Quevedo—, la película adapta esa esencia a la modernidad que comenzaba a despuntar en la España del desarrollismo. Los protagonistas ya no vagan de pueblo en pueblo, sino que sobreviven en una Madrid llena de contrastes: miseria y aspiración, ingenuidad y picardía, ingenio y resignación.
Ese retrato híbrido convierte al filme en un testimonio cultural de gran valor sobre cómo se veía y se narraba la supervivencia cotidiana en un país que intentaba dejar atrás la autarquía.
Aunque Los tramposos tiene presencia habitual en filmotecas y reposiciones televisivas, su llegada reciente a FlixOlé —junto a una colección dedicada al cine de picaresca— vuelve a ponerla en el centro de la conversación cinéfila. Pero más allá de su disponibilidad en plataformas, la película destaca por lo que siempre ha sido: una pieza esencial del humor español, espejo de un momento sociocultural y ejemplo perfecto de cómo la comedia puede contar verdades incómodas sin perder la ligereza. @mundiario




