Cuando se estrenó originalmente, ‘Madre!’ no dejó a nadie indiferente. La película del cineasta neoyorquino Darren Aronofsky logró algo muy poco común en el cine comercial de gran presupuesto: una calificación de «F» en los portales de audiencia, mientras que la crítica especializada la encumbraba como una obra maestra del surrealismo moderno. Casi una década después, este asfixiante relato protagonizado por Jennifer Lawrence y Javier Bardem sigue siendo una pieza de estudio fundamental para entender el cine de autor financiado por grandes estudios, un experimento visual que empuja al espectador hasta el límite de su resistencia física y mental.
La trama, aparentemente sencilla, narra la vida de una pareja que vive en una casa aislada en el campo que ella misma ha reconstruido. Él es un poeta en plena crisis creativa; ella se dedica por completo a restaurar el hogar que habitan. Sin embargo, la llegada de unos extraños visitantes desencadena una espiral de caos que transforma la vivienda en un escenario de pesadilla absoluta. A medida que la narrativa avanza, Aronofsky abandona el realismo para sumergirse en una sucesión de metáforas que van desde el Génesis bíblico hasta una crítica feroz sobre el tratamiento de la humanidad hacia la Madre Tierra, representada por el personaje de Lawrence.
Una coreografía de caos y simbolismo extremo
El rodaje de ‘Madre!’ fue tan intenso como su resultado final en pantalla. La técnica cinematográfica empleada, centrada casi exclusivamente en planos cerrados sobre el rostro de la protagonista o planos subjetivos desde su hombro, genera una sensación de claustrofobia insoportable. La actriz Jennifer Lawrence llegó a sufrir una hiperventilación tan severa durante la filmación de las escenas finales que se fracturó una costilla, un reflejo del nivel de compromiso físico que exigía el guion. La película no es solo una historia de invasión doméstica; es una coreografía del caos donde cada personaje representa un arquetipo: Dios, la Naturaleza, Adán, Eva y la humanidad destructiva que consume todo a su paso.
La acogida en España fue igualmente polarizada, dividiendo a los espectadores entre la fascinación y el rechazo absoluto. Para muchos críticos, el filme es una genialidad que disecciona la vanidad del artista y el sacrificio femenino; para otros, es un ejercicio de pretenciosidad innecesariamente violento. Sin embargo, con la perspectiva del tiempo en este 2026, la obra ha ganado un estatus de filme de culto incuestionable. Su mensaje ecológico, en el que la casa funciona como un trasunto de nuestro planeta siendo saqueado por invitados malagradecidos, resuena hoy con más fuerza que nunca. ‘Madre!’ no buscaba el agrado del público, sino su reacción visceral, y en ese sentido, sigue siendo una de las películas más exitosas e impactantes de su generación.

