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Muere Con Pederson, el arquitecto visual de 2001: Una odisea del espacio

El mundo del cine despide a una de sus mentes más brillantes y discretas en este inicio de 2026. Con Pederson, uno de los cuatro pilares que sostuvieron los revolucionarios efectos especiales de ‘2001: Una odisea del espacio’, falleció el pasado viernes a los 91 años en California. Pederson fue el director de lo que el equipo denominaba la «sala de guerra» en el set de Stanley Kubrick, un centro neurálgico donde se planificaban y evaluaban las complejísimas tomas de una película que cambió para siempre la percepción del espacio en la gran pantalla. Su trabajo minucioso fue el responsable directo de que Kubrick ganara su único Oscar personal en la gala de 1969.

Douglas Trumbull, compañero de fatigas en aquel rodaje histórico, llegó a afirmar que Pederson era «el tipo más inteligente de la sala» y que la película, simplemente, no habría sido posible sin su capacidad organizativa y técnica. Pederson no solo era un artista visual; era un ingeniero de la imagen que gestionaba procesos donde se añadían hasta diez elementos distintos al negativo original de cámara, una labor artesanal y extenuante que duró meses y que hoy sigue asombrando por su realismo.

Pionero de la tecnología y colaborador de la NASA

Antes de conquistar Hollywood, la trayectoria de Pederson ya era extraordinaria. Formado en la UCLA en arte y antropología, trabajó en Disney antes de ser reclutado por el ejército estadounidense. Allí tuvo la oportunidad de colaborar con el científico Wernher von Braun en proyectos de cohetes, una experiencia que le otorgó un conocimiento científico único para dotar de veracidad a las naves y físicas de la obra de Kubrick. De hecho, fue su cortometraje de 1964, To The Moon And Beyond, lo que convenció definitivamente al director para contratarlo.

Tras su etapa con el cineasta británico, Pederson cofundó Robert Abel and Associates, una empresa pionera en animación por ordenador que sentó las bases de los gráficos digitales contemporáneos. Su legado se extiende a través de sus alumnos y colaboradores, muchos de los cuales ganaron sus propios premios de la Academia años después. Más allá de los focos, este «hombre del Renacimiento» dedicaba su tiempo a crear crucigramas para el New York Times y a coleccionar objetos históricos. Con su partida, desaparece el último gran estratega de una forma de entender el cine que buscaba alcanzar las estrellas con poco más que ingenio, espejos y matemáticas.