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My Wife Cries: el enigma emocional de Angela Schanelec

El cine de Angela Schanelec nunca ha sido apto para espectadores impacientes, y su más reciente obra, My Wife Cries (Meine Frau weint), presentada este febrero en la sección oficial de la Berlinale 2026, no es la excepción. La película nos sumerge en la vida de Thomas, cuya rutina se rompe con una llamada de su esposa, Carla. Lo que comienza como un día mundano se transforma en un estudio sobre la distancia emocional tras un evento traumático: un accidente de coche en el que fallece David, el compañero de baile de Carla y el hombre con el que mantenía un vínculo secreto. Schanelec emplea su característico estilo austero para explorar una tragedia que se siente eléctrica precisamente por lo que no se dice.

La película destaca por su radicalismo formal. Utilizando un formato de pantalla 4:3 que funciona como un lienzo cuadrado y austero, la directora retrata Berlín como un espacio solitario y extraño. La ausencia de banda sonora y el estatismo de la cámara obligan al espectador a fijarse en los detalles más nimios: el precio de un sofá o la disposición de los cuerpos en una habitación. Es un cine de «pequeñas absurdidades», donde lo existencial se mezcla con lo banal, recordando por momentos la ironía de Aki Kaurismäki pero con la profundidad introspectiva de Hong Sangsoo.

Entre el vacío narrativo y la experimentación teatral

A medida que avanza el metraje, My Wife Cries se vuelve más desafiante. Las conversaciones sobre la culpa del superviviente y las expectativas de género se entrelazan con largos monólogos que, paradójicamente, parecen decir menos cuanto más duran. Los personajes, a menudo con una estética andrógina y movimientos que rozan lo mecánico, habitan espacios en construcción que refuerzan la idea de una identidad en reconstrucción. Schanelec no busca recompensar al público con resoluciones fáciles, sino incomodarlo con una propuesta que a veces se siente como una pieza teatral de vanguardia.

A pesar de su ritmo pausado y su narrativa fragmentada, la película ofrece momentos de una belleza visual sobrecogedora. El subtexto sobre la soledad de las parejas y la incapacidad de comunicación resuena con fuerza en este 2026, consolidando a Schanelec como una autora de culto que se niega a hacer concesiones. My Wife Cries es un rompecabezas cuyas piezas no siempre encajan al final, pero es precisamente en ese desajuste donde reside su fascinación: una obra que, para bien o para mal, permanece en la memoria mucho después de que se enciendan las luces de la sala.