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Predator: Asesino de asesinos. Una furia animada en el top 9

Seguimos dando forma al ranking definitivo de la saga Predator, un recorrido que, tras nuestras valoraciones de Predator: Badlands en el puesto 3 y Aliens vs. Predator 2 en el 7.º puesto (según la humilde opinión de quien escribe), esta vez nos adentramos en Predator: Asesino de asesinos (2025). Esta entrega, en formato de animación, se aparta de la fórmula habitual, ofreciendo una visión diferente del universo Predator que, lejos de limitarse a la acción pura, se adentra en una exploración más compleja de sus criaturas y sus víctimas. Con una narrativa que entrelaza el gore con la profundidad emocional, esta película amplía las fronteras de la franquicia, proponiendo una expansión inesperada, aunque no exenta de desafíos narrativos y estilísticos.

Predator: Asesino de asesinos: una expansión atrevida y gore de la saga

En la eterna guerra entre la humanidad y su depredador cósmico, Predator: Asesino de asesinos (de nuevo a cargo de Dan Trachtenberg) toma un camino audazmente distinto a sus predecesores, no solo en su formato, sino también en su enfoque narrativo y tonal. Al adentrarnos en el mundo de la animación, esta entrega, que transita por terrenos más extremos y sangrientos, no solo se limita a continuar el legado de la saga, sino que se esfuerza por expandirla, explorando nuevas perspectivas y territorios que, en otros formatos, podrían haber resultado inalcanzables o incluso innecesarios. Lo que hace tan intrigante a esta película es su capacidad para transformar el gore en una experiencia menos perturbadora y más lúdica, gracias a la animación, mientras mantiene la ferocidad y brutalidad que la franquicia siempre ha exhibido.

La estructura narrativa de la película es todo un ejercicio de amplitud de miras: tres personajes, tres épocas y tres motivaciones completamente distintas. Ursa, la guerrera vikinga del siglo IX, Kenji, el samurái perdido en la lucha por el honor y la sucesión, y Torres, el mecánico de la Segunda Guerra Mundial que aspira a ser piloto, representan tres formas de enfrentarse al mundo y a sus propios demonios. Cada uno de estos personajes trae consigo una carga emocional poderosa, lo que permite a esta entrega abordar la saga desde una nueva óptica: la de la humanidad, en sus momentos más oscuros, luchando por sobrevivir y encontrar redención. Sin embargo, y aquí viene una crítica crucial, mientras Ursa y Kenji son personajes rudos y complejos, profundamente motivados por la venganza y el honor respectivamente, Torres no logra alcanzar el mismo nivel de resonancia. Su inclusión, aunque intencionada, se siente como un elemento forzado y menos impactante que sus contrapartes históricas.

A través de sus tramas entrelazadas, la película se convierte en un testimonio de lo que podría haber sido una sucesión sin fin de combates sin alma. Sin embargo, al incorporar sus elementos de lucha y supervivencia con una capa de profundidad emocional, consigue que incluso las escenas de extrema violencia tengan un peso narrativo. El gore, ese elemento que ha definido la franquicia, es llevado a nuevas alturas, y lo que en otros contextos podría resultar desagradable o superficial, se convierte aquí en un acto casi artístico. Decapitar, desmembrar, mutilar… las imágenes de la carnicería son tan intensas que, en el universo animado, se tornan no solo tolerables, sino hipnóticas, aumentando el componente visceral de la película sin la coartada fácil de la matanza indiscriminada.

Es aquí donde Predator: Asesino de asesinos realmente da un golpe de audacia en su capacidad para mostrar a los depredadores no solo como monstruos que acechan en la oscuridad, sino como una cultura, una sociedad organizada con su propio sistema de méritos y rituales. Esta profundización en la jerarquía y las costumbres de los cazadores galácticos añade un matiz insólito y fascinante a la saga. Ya no son simplemente los cazadores de trofeos, sino entes con un código que, en su frialdad, comienza a parecer casi humano. En vez de ser simples asesinos de la jungla, los depredadores adquieren la cualidad de un pueblo con una estructura, con aspiraciones y deseos más allá del cazar por cazar. Es este riesgo narrativo el que eleva la película y le da una profundidad que no se limita a la acción o la violencia.

No obstante, la cinta no escapa a los errores que ensombrecen el relato. La elección de la historia de Torres, el mecánico estadounidense, es la más débil de las tres. Evidentemente, no se trata de un estereotípico «mecánico de acción» al estilo de Jason Statham en The Mechanic (2011), en este caso, Torres es un hombre guiado por su sueño de volar, un anhelo que le da sentido a su existencia, aunque sin la rudeza típica de los personajes en este tipo de relatos. Su ingenio, más que su fuerza, es lo que lo mantiene a flote en medio de los conflictos, pero, en comparación con las historias más visceralmente intensas de los vikingos y los samuráis, su lucha interna parece más una distracción que una aportación significativa a la épica general. Su presencia no encaja tan naturalmente en el tono de la película, como si su historia estuviera intentando forzar una inclusión emocional que, a pesar de su potencial, no termina de resonar con la misma fuerza que las otras tramas.

La banda sonora, compuesta por Henry Jackman, es otra de las apuestas que termina por dar un resultado satisfactorio. Con temas originales que homenajean al icónico trabajo de Alan Silvestri de 1987, la música no solo acompaña la acción frenética de la película, sino que se convierte en un personaje más dentro de la narrativa, uniendo las tres historias a través de una sinfonía de violencia y desesperación.

En cuanto a la animación, su libertad estilística permite a la película dar rienda suelta a un espectáculo visual que, en su crudeza, nunca pierde el foco. El dinamismo de las batallas y la fluidez de los movimientos permiten que las muertes sean no solo más impactantes, sino más visualmente fascinantes. En este contexto, el uso del gore se convierte en una pieza fundamental de la experiencia, sin la cual la atmósfera de la película no tendría el mismo impacto.

Al final, Predator: Asesino de asesinos no solo ofrece más de lo que esperamos de la saga, sino que, con un enfoque original y atrevido, redefine lo que la franquicia puede ser. Lejos de ser una simple película de acción, se arriesga a profundizar en lo emocional, lo cultural y lo narrativo. Con un tono que es tanto visceral como reflexivo, esta película demuestra que el universo de Predator tiene aún mucho por explorar, siempre que se atreva a ir más allá del simple juego de supervivencia. @mundiario

Puntuación: 5,6 de 10

Puesto: 5.º