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Salaia “es muy disruptivo, te vuela un poco la cabeza”

Salaia “es muy disruptivo, te vuela un poco la cabeza”. Así se expresa Carlos Fernández de Vigo, CEO de Professor Octopus AI Lab, quien se define, ante todo, como director cinematográfico y guionista.

Aunque nuestra charla tiene un punto muy tecnológico —hablamos de inteligencia artificial al servicio del cine—, Fernández de Vigo quiere dejar claro que su perfil de creador “condiciona todo el enfoque del proyecto. Es tecnológico, sí, pero tecnológico no como un fin, sino como una herramienta al servicio de la experiencia audiovisual, cultural y artística”.

No es postureo: Fernández de Vigo ganó un Goya junto con Lorena Ares por el cortometraje de animación Cafunè. Y recalca que su faceta de tecnólogo se entremezcla con la de creador audiovisual, lo que hace que el desarrollo de Salaia “esté al servicio de la visión cultural y artística en todo momento”.

Entendido esto, querido lector, quizá se pregunte… ¿pero qué cuernos es Salaia?

Se trata del primer sistema diseñado para convertir una sala de cine en un entorno “vivo”, capaz de leer el estado emocional colectivo del público y adaptar en tiempo real la película: ritmo, diálogos y, en general, los elementos narrativos. Todo ello de manera invisible para los espectadores y siguiendo las directrices artísticas definidas por su equipo creador.

“¿Y esto cómo lo hacemos?”, se pregunta en voz alta Fernández de Vigo. “A través de unas doce cámaras con infrarrojos e inteligencia artificial interconectadas en tiempo real dentro de la sala”.

Estas cámaras “leen las respuestas emocionales del público” durante la proyección y, además, las herramientas de IA manejan “información geolocalizada: sabemos dónde se está viendo la película, la hora que es y contamos con un contexto social y cultural. Todo ello permite a los creadores prefijar evoluciones de la historia a todos los niveles en función de la experiencia del público”.

“Creo que podremos aportar herramientas para construir nuevas experiencias que tocarán al público de maneras muy distintas y permitirán a los artistas narrar de una forma nueva”

Un ejemplo concreto: “Podemos hacer que el sistema identifique en la primera secuencia qué personaje conecta más con el público, cuál genera más simpatía, qué tipo de humor está funcionando mejor… y eso permite que dirección pida al sistema desarrollar las siguientes secuencias dando más protagonismo a uno u otro personaje. O quizá se haya decidido que la iluminación de las escenas coincida con la luz real de la zona horaria desde donde se ve la película. Si la sesión es a las cinco de la tarde y fuera es de noche, podemos hacer que en la película también sea de noche. O que cuando un personaje recorre su casa, el póster de su equipo de fútbol sea el del equipo local de la ciudad donde se proyecta la película. Ese tipo de decisiones —y muchas más— son las que el equipo puede tomar. No tiene nada que ver con cambiar el modo de rodar una película”.

La pregunta obvia llega sola: ¿cabe la posibilidad de que la película se adapte “demasiado” y pierda identidad narrativa? “No. El grado de libertad del sistema IA es una decisión de los artistas”, zanja.

Fernández de Vigo es consciente de que hablar de IA en el sector cinematográfico enciende alarmas. “Entiendo perfectamente todas las reacciones, porque es algo muy impactante. Pero no deja de ser una herramienta, y como tal es buena o mala según cómo la utilicemos”.

Lleva cerca de diecisiete años estudiando y desarrollando tecnología basada en IA. “He dedicado mucho tiempo y esfuerzo, e invertido dinero, para controlar hacia dónde puede evolucionar, y así no depender de que llegue alguien a decirme lo que la IA puede o no puede hacer”, apunta.

Actualmente dirige, junto a Lorena Ares, un equipo de casi 50 personas que desarrollan y entrenan herramientas de inteligencia artificial. “Tenemos una línea de trabajo apasionante e inspiradora, que tiene que ver con aplicar la IA para hacer posible lo que hasta ahora era imposible, creando nuevas experiencias culturales y artísticas. Salaia es una de ellas”, asegura en esta entrevista para Cine&Series de MUNDIARIO.

Carlos Fernández de Vigo explicando Salaia en rueda de prensa en el cine Gomel de Pamplona.
Carlos Fernández de Vigo explicando Salaia en rueda de prensa en el cine Gomel de Pamplona.

¿Y la privacidad?

“Salaia está en proceso de I+D, y esto incluye también el análisis jurídico correspondiente. Cuando hacemos I+D participan ingenieros de diferentes perfiles y también muchos artistas, a veces sociólogos, psicólogos… Todo dentro del marco de responsabilidad respecto a los consensos que tenemos en Europa y en España sobre propiedad intelectual y protección de datos. El sistema, por supuesto, anonimiza: está diseñado para responder adecuadamente a las obligaciones legales”.

“Cuando se presente oficialmente y exista la opción de ir al cine y vivir esta experiencia, lógicamente habrá una información que los espectadores aceptarán o no, y en la que se recogerá el proceso de anonimización. El objetivo es generar una experiencia cultural y artística, no recabar información”, añade.

De la mano de los cines Golem, Fernández de Vigo y su equipo presentarán los primeros demostradores durante 2026. Cuentan con el apoyo del Gobierno de Navarra y la colaboración de HP. “Navarra nos ha apoyado con financiación pública a través de la Consejería de Industria. También contamos con el incentivo fiscal para la inversión privada. Por otro lado, HP nos apoya en muchas de las investigaciones, especialmente mediante la cesión de equipamiento, lo cual es una garantía para afrontar proyectos en los que el hardware es clave y no debe convertirse en una preocupación”.

“Creo que podremos aportar herramientas para construir nuevas experiencias que tocarán al público de maneras muy distintas y permitirán a los artistas narrar de una forma nueva”, afirma Fernández de Vigo. @opinionadas