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Sam Raimi vuelve al exceso con Send Help, supervivencia salvaje y humor negro sin complejos

Después de su paso por grandes superproducciones como Spider-Man, Sam Raimi se zambulle de nuevo en el territorio que mejor domina: el del cine deslenguado, grotesco y orgullosamente exagerado. Send Help arranca como una historia de rivalidades corporativas, pero pronto se transforma en un delirio insular donde la supervivencia sirve de excusa para el disparate.

La premisa es tan sencilla como eficaz. Linda Liddle (Rachel McAdams) es la empleada modelo: metódica, brillante y convencida de que el ascenso prometido a la vicepresidencia es cuestión de tiempo. Sin embargo, la muerte del antiguo CEO cambia el tablero. El heredero, Bradley (Dylan O’Brien), encarna todo lo que la meritocracia detesta: arrogante, caprichoso y más preocupado por la lealtad de sus amigos que por la competencia profesional. En lugar de promocionarla, coloca en el puesto a un aliado sin experiencia.

La tensión entre ambos estalla durante un viaje de trabajo que termina en tragedia aérea. El accidente los deja aislados en una isla desierta y, con ello, invierte radicalmente la jerarquía. El ejecutivo soberbio se revela inútil ante la adversidad, mientras que la supuesta subordinada despliega recursos inesperados para sobrevivir.

Sátira empresarial… hasta que todo se desmadra

Durante su primer tramo, la película parece apuntar a una crítica directa contra las élites empresariales y el nepotismo corporativo. El contraste entre la preparación de Linda y la mediocridad heredada de Bradley subraya ese mensaje con claridad.

Pero Raimi no tarda en dinamitar cualquier lectura demasiado solemne. El relato adopta progresivamente la perspectiva retorcida de su protagonista y la sátira se convierte en caricatura. Linda, lejos de consolidarse como heroína reivindicativa, empieza a tomar decisiones imprevisibles que rozan la demencia. Lo que parecía una historia de justicia poética deriva hacia el terreno del humor macabro y la violencia desatada.

Aquí es donde emerge el ADN del director de Evil Dead: sangre en pantalla sin caer en el gore extremo, efectos prácticos visibles, situaciones límite llevadas al absurdo y una comicidad que encuentra placer en lo grotesco. Raimi no busca realismo ni coherencia absoluta; apuesta por el exceso controlado y el ritmo frenético.

Serie B con sello propio

Send Help. / Productora.
Send Help. / Productora.

Send Help funciona mejor cuando se asume como lo que es: una pieza de entretenimiento desenfadado que juega con el desastre y la exageración. Tiene todos los ingredientes del mejor cine de serie B: violencia explícita, giros delirantes y un sentido del humor que oscila entre lo incómodo y lo hilarante.

Eso sí, la película deja la sensación de que pudo profundizar más en su crítica social. El conflicto entre mérito y privilegio, tan sugerente en su planteamiento inicial, acaba diluido entre escenas sangrientas y decisiones extravagantes. Raimi opta claramente por la diversión antes que por la reflexión.

¿Merece la pena?

Send Help. / Productora.
Send Help. / Productora.

Si se espera una sátira afilada sobre el poder corporativo, quizá el resultado se quede corto. Pero si se entra en el juego de su desmesura, Send Help ofrece lo que promete: hora y media de locura controlada, humor negro y supervivencia convertida en espectáculo.

No es la obra más profunda de Raimi, pero sí una de las más libres. Y en esa libertad desatada reside su mayor encanto. @mundiario