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Scarlett Johansson y Cate Blanchett contra la IA: Robar no es innovación

La tensión entre la creatividad humana y los algoritmos ha alcanzado un punto crítico en este 2026. Más de 700 figuras de primer nivel, incluyendo a Scarlett Johansson, Cate Blanchett y Joseph Gordon-Levitt, han lanzado una contundente campaña bajo un lema que no deja lugar a la duda: «Robar no es innovación». El manifiesto denuncia a las gigantes tecnológicas por utilizar obras protegidas por derechos de autor para entrenar modelos de IA sin compensación ni transparencia.

El conflicto entre el copyright y el algoritmo

El sector creativo, que sostiene millones de empleos y proyecta el poder cultural global, se siente amenazado por un sistema de «extracción» masiva de datos. La campaña sostiene que el desarrollo de la Inteligencia Artificial no debe ser sinónimo de vulnerar la ley de propiedad intelectual. «No es progreso. Es robo, así de simple», reza el comunicado. Los artistas no se oponen al avance tecnológico, sino a la metodología de los desarrolladores que, respaldados por capital privado, han construido plataformas millonarias a costa del esfuerzo ajeno sin solicitar permiso.

Para Scarlett Johansson, esta lucha es una cruzada personal. En los últimos años, la actriz ha emprendido acciones legales contra aplicaciones que clonaron su imagen y denunció públicamente a OpenAI por usar una voz sospechosamente similar a la suya. Por su parte, Cate Blanchett ha advertido que la innovación sin un componente de imaginación humana es «extremadamente peligrosa» para el futuro de las artes, pues despoja al proceso creativo de su esencia vital y convierte la cultura en un producto industrial vacío.

Hacia un modelo de licencias responsables

A pesar de la dureza del mensaje, el colectivo reconoce que existe un camino ético. La campaña insta a las tecnológicas a seguir el ejemplo de aquellas empresas que ya han cerrado acuerdos de contenido o asociaciones legales mediante pagos de licencias. El objetivo es demostrar que es posible tener una IA avanzada y en rápido desarrollo siempre que se respeten los derechos fundamentales de los autores y se garantice una remuneración justa por el uso de su propiedad intelectual.

Este movimiento llega en un momento clave, mientras legisladores en Estados Unidos y Europa evalúan nuevas normativas sobre la protección de datos en la era digital. En este 2026, la industria creativa ha dejado claro que su talento no es un recurso gratuito para alimentar el código de las máquinas, exigiendo una transición hacia una ética digital que valore la autoría humana por encima del beneficio algorítmico.