Sundance 2026 ha sido el escenario de un renacimiento creativo. El gran titular lo acaparó The Invite, una dramedia de cena dirigida por Olivia Wilde y protagonizada por un cuarteto estelar: Seth Rogen, Wilde, Penélope Cruz y Edward Norton. La película, que evoca el flujo de diálogos de Woody Allen, se vendió por 12 millones de dólares tras una intensa guerra de ofertas. Junto a ella, el festival ha dado voz a relatos profundamente humanos como el de Petra Volpe, que en su drama carcelario une a Rob Morgan y Kingsley Ben-Adir en una historia sobre el Alzheimer y la redención entre rejas.
Documentales y regresos nostálgicos
El género documental ha brillado con luz propia gracias a piezas como la dedicada a la leyenda del tenis Billie Jean King, una obra que captura su lucha revolucionaria por la igualdad. Por otro lado, la nostalgia y la sátira se dieron la mano en propuestas como la de David Wain, donde Zoey Deutch busca desesperadamente a Jon Hamm en un «Hollyweird» surrealista. También destacó el regreso a Texas de Iliza Shlesinger en una comedia que explora la imposibilidad de volver a casa, demostrando que Sundance sigue siendo el lugar donde los comediantes encuentran su voz más perspicaz y cinematográfica.
Nuevos lenguajes y voces globales
El festival no solo miró hacia las estrellas consolidadas, sino que apostó por nuevos lenguajes como el de Walter Thompson-Hernández en su retrato lírico de Watts, o el horror queer de Adrian Chiarella. Desde Kosovo hasta Nueva York, con un John Turturro magistral como un ladrón de la vieja escuela, Sundance 2026 nos recuerda que la verdadera esencia del festival es la ausencia de una fórmula fija. Son películas que se atreven a mirar al cielo literal y metafóricamente para encontrar esperanza y verdad en un mundo cada vez más frío y digital.
