Un simple servicio de taxi se convierte en el punto de partida de Un taxi en Tokio, una película del director japonés Yoji Yamada que construye su narrativa a partir de un recorrido urbano por la capital nipona. La historia sigue a Koji Usami, un taxista con dificultades económicas que trabaja jornadas marcadas por la necesidad, y a Sumire Takano, una mujer de 85 años que solicita ser trasladada desde Shibamata, en el este de Tokio, hasta una residencia situada en la costa de Hayama.
Desde el inicio del trayecto, Sumire propone realizar varios rodeos antes de llegar a su destino. Ese gesto transforma el viaje en una sucesión de episodios que permiten que la ciudad actúe como hilo narrativo. Cada calle, escaparate o tramo del recorrido activa un recuerdo en la pasajera, dando lugar a una estructura en la que el presente y el pasado se entrelazan a través del paisaje urbano.
La película articula su desarrollo en torno a este desplazamiento continuo, donde el movimiento del taxi marca el ritmo del relato. Tokio aparece como un espacio en transformación constante que, a través de la mirada de los personajes, va revelando fragmentos de vida asociados a la memoria de Sumire. El trayecto se convierte así en el eje central de una historia en la que el destino final pierde relevancia frente al propio proceso del viaje.
Un reparto marcado por la trayectoria y la contención interpretativa
El reparto está encabezado por Chieko Baisho, que interpreta a Sumire Takano. La actriz vuelve a colaborar con Yoji Yamada en una relación profesional que se extiende durante más de seis décadas, iniciada en los primeros trabajos del cineasta dentro de la saga Tora-san. Su personaje se construye desde la experiencia acumulada y la serenidad de quien ya no tiene urgencia por llegar a ningún lugar.
Junto a ella, Takuya Kimura da vida a Koji Usami, un taxista que atraviesa una situación económica complicada y que debe afrontar además las responsabilidades familiares derivadas de su hija adolescente, admitida en una escuela de música cuya matrícula no sabe cómo afrontar. Su interpretación se aleja de su habitual registro de estrella para centrarse en un personaje contenido, marcado por la incertidumbre cotidiana.
La dinámica entre ambos protagonistas se establece desde el interior del vehículo, donde el taxi funciona como espacio cerrado y a la vez como ventana hacia la ciudad. A través de sus conversaciones y silencios, el trayecto se convierte en un intercambio de experiencias vitales que construyen un vínculo inesperado entre conductor y pasajera.
Un taxi en Tokio se estrena en España el 10 de julio, fecha en la que llegará a las salas como una propuesta centrada en el tránsito emocional y la reconstrucción de la memoria a través del viaje urbano. @mundiario




