La 79ª edición del Festival de Cannes arrancó con una de esas imágenes destinadas a quedar en la memoria cinéfila: Peter Jackson, visiblemente emocionado, sosteniendo la Palma de Oro de Honor ante un auditorio entregado. El director neozelandés, responsable de una de las sagas más influyentes de la historia del cine contemporáneo, recibió el reconocimiento entre ovaciones y palabras de admiración de compañeros de profesión, en una ceremonia marcada por el homenaje a toda una carrera dedicada a reinventar la épica cinematográfica.
Jackson confesó durante su intervención que jamás imaginó recibir un galardón de estas características. El cineasta aseguró sentirse sorprendido porque, según explicó con humildad, nunca rodó películas “pensando en ganar la Palma”. Sus palabras provocaron una mezcla de emoción y complicidad en el auditorio, consciente de que el realizador ha construido una trayectoria alejada del cine de autor tradicional asociado históricamente al certamen francés, pero profundamente influyente en la cultura popular mundial.
El encargado de entregarle el reconocimiento fue Elijah Wood, inseparable para millones de espectadores de su papel como Frodo en la trilogía de The Lord of the Rings: The Return of the King. El actor recordó el impacto que supuso trabajar con Jackson cuando apenas acababa de alcanzar la mayoría de edad y destacó la capacidad del director para construir universos cinematográficos gigantescos desde “el otro extremo del planeta”, en referencia a Nueva Zelanda.
Sin embargo, el homenaje en Cannes también sirvió para recordar que la carrera de Jackson comenzó muy lejos de los grandes presupuestos y las alfombras rojas. Antes de conquistar Hollywood, el realizador se convirtió en figura de culto gracias a películas de terror grotesco y humor salvaje como Bad Taste o Braindead, producciones que lo situaron como una voz diferente dentro del cine fantástico independiente.
El gran punto de inflexión llegó con Heavenly Creatures, cinta que reveló una faceta más madura y sofisticada del director y que además impulsó la carrera de Kate Winslet. Aquella película demostró que Jackson podía combinar sensibilidad dramática, imaginación visual y una narrativa perturbadora mucho antes de convertirse en el arquitecto de la Tierra Media.
La consagración mundial llegó, naturalmente, con la adaptación cinematográfica de la obra de J. R. R. Tolkien. La trilogía de The Lord of the Rings: The Two Towers y sus películas hermanas no solo arrasaron en taquilla, sino que redefinieron la escala del cine fantástico moderno. Los premios Oscar, el éxito económico y la influencia cultural transformaron a Jackson en uno de los cineastas más poderosos de la industria.
Pero Cannes quiso subrayar también otros capítulos de su filmografía. Desde su ambiciosa reinterpretación de King Kong hasta su aclamado trabajo documental con The Beatles: Get Back, el realizador ha demostrado una enorme capacidad para moverse entre géneros y formatos distintos sin perder personalidad.
La ceremonia de apertura estuvo cargada de simbolismo cinéfilo y reunió a figuras de primer nivel de la industria internacional. Entre los asistentes destacaron Jane Fonda, Alfonso Cuarón, James Franco, Bong Joon-ho y Joan Collins, además de veteranos del cine francés como Claude Lelouch y Costa-Gavras.
La actriz Eye Haïdara ejerció como maestra de ceremonias en una gala concebida como una gran declaración de amor al cine. También hubo espacio para homenajear al presidente del jurado, Park Chan-wook, cuya carrera fue repasada mediante un montaje audiovisual proyectado durante la inauguración.
El jurado de esta edición refleja además la diversidad y el peso internacional del festival. Junto a Park Chan-wook participan figuras como Chloé Zhao, Demi Moore, Stellan Skarsgård y Paul Laverty.
La noche terminó con una sensación compartida entre los asistentes: Cannes no solo reconocía a un director exitoso, sino a un creador que cambió para siempre la forma de entender el espectáculo cinematográfico. Y lo hizo premiando a un cineasta que, paradójicamente, nunca persiguió la Palma. @mundiario




